Diario de la abundancia – Parte nueve

Reacción en cadena

Hacer cosas con las manos siempre se me ha dado bien. De niña, sin importar si moldeaba arcilla, plegaba papel o cosía, mis artesanías sobresalían. Ahora, de adulta, he descubierto que no sólo me salen bien tareas que demandan motricidad fina sino que tienen un efecto añadido: mientras las hago el mundo se detiene, por lo que el acto cotidiano se convierte en meditación.

En parte por este gusto por las manualidades y en parte porque disfruto jugando los actos psicomágicos −tomando prestado el término de Alejandro Jodorowsky− me parecen herramientas fantásticas para enviarle tus recados al universo. Sí, ya sabemos que hacemos parte de él, sí, siempre estamos conectados con él pero también sí, a cada rato olvidamos que nos escucha, sobre todo cuando no logramos conectar emoción y deseo.

En distintas épocas de mi vida he experimentado con mapas de los sueños, como se le llama comúnmente a los collages de imágenes que representan las metas deseadas, pero también con otros juegos mágicos que me han acercado a las realidades que he querido manifestar. Una de ellas la aprendí recientemente a través de Corbera, aunque él mismo relata que la aprendió de Napoleón Hill. El ejercicio va así: en el centro de una hoja escribes la cantidad que quieres ganar mensualmente, luego escribes alrededor las acciones que te llevarán a obtener esa suma: contratos que se están gestionando, el local nuevo que quieres abrir, la feria a la que quieres asistir, etc. Cada una de esas alternativas representa una punta de una estrella que alimentará tu objetivo. Para contrarrestar las limitaciones y la falta de confianza, escribes “y mucho más” cerca de la cifra central, además, en un lugar preponderante, escribes “sabiduría para gestionar toda esta abundancia”.

Ejercicios como este ayudan a enfocar intenciones y energías, pero no sirven de nada si son otro síntoma de una obsesión más que una expresión de confianza. Es como cuando le pido a alguien un favor y ese alguien acepta, pero yo sigo martillando con lo mismo. Si sé que lo va a hacer no necesito repetir la petición. Con el Cosmos es parecido. Si pides con certeza, convencido de que lo tuyo ya está, de que ya existe y que sólo es cuestión de tiempo-espacio para llegar a ello no necesitas pensar en tu meta todo el día ni hacer de ella un mantra.

Cuando hice el ejercicio de la estrella tenía muy claros los materiales que quería usar. Un papel especial para ponerle onda al ejercicio, unos bolígrafos metalizados para que quedara más bonito y así. Al final se me fueron horas coloreando todo para que las fuentes de ganancias tuvieran un efecto superpuesto sobre el papel, por lo que me olvidé de revisar si alguien me había enviado algún mensaje para solicitar mis servicios o comprar alguna de las plantas de lavanda, que vendí por esos días, y fue eso precisamente lo que pasó mientras dibujaba y coloreaba.

En algún momento suspendí el ejercicio, para comer o para ir al baño. Al regresar revisé mis mensajes y ahí estaba la primera de una serie nueva de señales confirmatorias. Una persona que antes había preguntado detalles acerca de los servicios que ofrezco quería concertar un encuentro conmigo, tan pronto como fuera posible, para consultar las cartas Lenormand.

La estrella con las fuentes de ganancia la hice un domingo y el lunes siguiente tenía una reunión con soñadores principiantes. Esa noche, en medio de una vibra alucinante, el trabajo que mi contertulio y yo estamos haciendo para que las personas se conecten con el mundo onírico, fue reconocido de modo material cuando algunos de los asistentes pagaron lo que consumimos. Además de eso los bastones oníricos que llevé fueron comprados y un kit de herramientas oníricas fue separado sin que siquiera lo hubiese terminado.

Al día siguiente di la lectura de cartas concertada y en la tarde recibí un mensaje pletórico del consultante. Me escribía para contarme que el tema que habíamos tratado en la mañana había sido confirmado de forma contundente a través de una serie de correos que había recibido. Y cuando creía que ya era suficiente encontré otra señal pequeña pero muy significativa.

Ese mismo día, para seguir desafiando mis esquemas, fui a almorzar a un restaurante que me causaba mucha curiosidad. Siempre está lleno de negros, lo que para mí era señal de comida de mar deliciosa. No me equivoqué, además, por la generosidad de las porciones no pude terminar lo que pedí. En ese punto cuestioné mi reacción automática. Ya estaba intentando llamar la atención del mesero cuando recordé dos cosas: 1) en casa tenía comida preparada con antelación para la noche y 2) antes de regresar a ella quería consultar un libro en la biblioteca, entonces ¿cuál era el motivo real de lo que iba a hacer?, ¿evitarme la tarea de cocinar? o ¿atragantarme con comida que no necesitaba para impedir que la tiraran?, o dicho de otro modo ¿me sentía culpable por una acción ajena que ni siquiera había ocurrido? Entonces hice lo único que me pareció coherente con el modo de vida que llevo ahora: pagué y di propina, convencida de que más abundancia estaba en camino y en minutos lo comprobé.

Para guardar tus cosas en los casilleros de la Biblioteca Luis Ángel Arango es necesario depositar una moneda de 200 pesos de las grandes. Cuando revisé mi billetera sólo tenía 150 en monedas, la alternativa era ir a comprar algo a la cafetería para que en el cambio me dieran la que necesitaba. Este pensamiento tardó lo que un relámpago, después de tenerlo llevé mi mirada al suelo. Tirada ahí estaba una moneda de 50 pesos de las nuevas, tan diminuta que parece diseñada para jugar Monopolio. La recogí y con el resto fui a la cafetería para pedirle al empleado que las cambiara por la de la denominación que me hacía falta.

Ese día recibí otra prueba más de que la energía también se había desbloqueado a niveles un poco más grandes. Después de esperar durante un rato largo una respuesta de Catalina, la yerbatera urbana, acerca de cuándo y dónde daría mi curso de abundancia, encontré un mensaje suyo con toda la información.

Replantearme esquemas y juicios morales no sólo me había servido para empezar a ver el mundo de todos los días como una realidad distinta, sino que con la modificación intencional de mi mentalidad estaba a punto de ver reacciones ajenas que parecían haber sido producidas por varitas mágicas o al menos por agentes del destino invisibles, al mejor estilo de la película The adjustment bureau.

Diario de la abundancia – Parte ocho

Crisis = Oportunidad

Las crisis son oportunidades, oportunidades para, por ejemplo, aumentar tu creatividad. Cuando tu alacena no tiene muchos ingredientes tienes la oportunidad de improvisar, probar y ensayar recetas insólitas y algo parecido pasa cuando tienes talento que todavía no se ha convertido en efectivo, y precisamente así, con talento, pagué mi segunda sesión en un tanque de aislamiento sensorial.

Después de mi primera experiencia de este tipo en Austria, quise saber si había algún centro de flotación en Bogotá, pues estaba segura de que quería repetirla. Buscando encontré Gravedad Cero y en poco tiempo estaba hablando con uno de los dueños, ahora amigo mío. En nuestra primera reunión acordamos que yo escribiría algunos artículos para el blog de su empresa y que me los pagaría con sesiones de flotación, acuerdo que honramos y que me ayudó a entender mejor la importancia de soltar.

El valor de la palabra

El pago que había dado por esa sesión había sido la traducción de un video en el que Joe Rogan, un comediante estadounidense y usuario frecuente de este artefacto, describía su experiencia. Rogan hacía mucho énfasis en el dejarse llevar, en que para aprovechar al máximo ese entorno es necesario soltarse, dejarse ir, algo que no te sale a la primera. Cuando traducía el video sentía que hablaba desde la experiencia y no desde comentarios ajenos. La segunda vez que floté pude corroborar lo que decía este comediante.

Estar ahí, en oscuridad total, en silencio igual, muy consciente de tu ser, propicia la ocurrencia de varios fenómenos, sin embargo el que más me llamó la atención en ese momento fue el miedo a desaparecer. Por ratos, si estás relajado y quieto, los límites de tu cuerpo físico se desdibujan y sientes la necesidad imperiosa de sacudirte para corroborar que el agua está ahí, para recordar que existes. La pérdida de la confianza en el entorno se siente como un tirón interno, como cuando estás a punto de caer al vacío y una cuerda detiene el movimiento descendente. Paradójicamente si te mueves, si te resistes a soltarte pierdes el estado de unión con el entorno. Yo, en efecto, lo perdí en más de una ocasión, pero no lo veo como un fracaso.

Ese día, en mi camino al centro de flotación, oí la conversación de una mujer mintiéndole a su jefe acerca de en dónde iba. Me pregunté si no sería más fácil decir la verdad y cuánto tiempo sostendría esa situación a base de palabras falsas. Alejé mi cabeza de esa conversación y traté de enfocarme en algo más, pero no importaba, esa energía de dolor, de engaño ya me había tocado y estando dentro del tanque comprendí mejor los estragos de las mentiras. Uno de los valores más importantes que tenemos es la palabra. La palabra no sólo es una herramienta para intercambiar energías sino que refleja el pensamiento. La palabra es mayor, por eso, cuando la damos en vano, nos damos en vano, declaramos que no valemos o que valemos poco, que no se puede confiar en nosotros, lo que a su vez refleja lo poco que confiamos en nosotros mismos. Mentir es una negación de la abundancia que nos rodea, de aquello que nos pertenece.

En medio de la oscuridad y del silencio de ese tanque sentí la verdad de la verdad. Cada vez que mientes por temor a recibir una consecuencia negativa sólo alargas tu condena autoimpuesta, en parte por eso, para sentir que soy más libre cada vez, es que doy saltos de fe, así muchas veces olvide que la red de protección invisible siempre está ahí para sostenerme, por fortuna, como iba a comprobarlo de nuevo, el Cosmos también está siempre listo para enviarte recordatorios de que tomar riesgos vale la pena.

Diario de la abundancia – Parte siete

Mi casa olía a salvia, la cocina ya era un lugar menos asqueroso y yo empezaba a ver las consecuencias de lo que había hecho.

La primera noche después de escuchar la primera clase del curso de milagros vi cambios: tuve sueños caóticos y de batallas. La interpretación que les di es que mis esquemas mentales viejos, esos que me han hecho creer que me va tan bien como me puede ir, estaban siendo zarandeados, movimiento que no me tomó por sorpresa. Avisaban que esos intentos vanos y de chispa corta que había hecho en el pasado no eran suficientes, que para lograr los cambios permanentes que deseo me hacía falta comprometerme y soltar cuerdas que me daban seguridad falsa, por lo que seguí adentrándome en lo desconocido, aunque dolía.

Nadie te dice que los procesos de cambios radicales son fáciles porque no lo son. En algún punto prueban tus fuerzas y tu resistencia, obligándote a elegir si quieres seguir en la cajita cómoda que conoces o si quieres salir a explorar los alrededores sin la compañía de tu mantita protectora. Yo me atreví a hacer lo segundo y en ese punto necesitaba algo para cubrirme, un fuego tibio que me animara a seguir adelante. Como en otras ocasiones lo encontré en la meditación.

El dolor que sentía venía del miedo, de creer que estoy separada de mis metas y que por eso están muy lejos de mí, cuando lo cierto es que esa creencia, la de la separación es sólo una ilusión, un espejismo tan real y tan palpable que puede limitarte de un modo poderoso. Viendo las cosas de este modo entendí que mi meditación tenía que conectarme con el amor pues a menos que lo sientas visceralmente, del mismo modo que estás sintiendo el miedo, no lograrás cambiar la sintonía desde la que te estás aproximando a una situación. Hay varios ejercicios para lograrlo, el que usé lo descubrí en The purpose of your life y es simple. Me senté con la espalda recta, respiré profundamente durante unos minutos y luego me dejé llevar por recuerdos que tengo de tiempos felices, de cuando me he sentido invencible como superheroína y no tardé en sentirme mucho mejor. Mi objetivo no era idealizar el pasado pues si lo hiciera así caería en otra trampa, lo que buscaba era reconectarme con la alegría voy a volver a experimentar sí o sí. Mi objetivo al hacer esta meditación era intensificar la certeza de que la felicidad que conozco se repetirá.

Sé que el ejercicio funcionó porque me dejó con una molestia leve en los senos paranasales que asocio con desbloqueos emocionales. Por esos días ni siquiera había llovido como para achacarle la rinitis al clima. Traté mi malestar poniendo amatistas sobre mi chakra ajna y en pocos días estaba más que bien, lista para la siguiente ronda.

El siguiente paso era volver a flotar.

Diario de la abundancia – Parte seis

El tiempo, creía yo, se estaba acabando y tenía por delante muchísimo material sin leer y sin analizar antes de dar el curso de prosperidad, ese que en un primer momento llamé Cartera llena, corazón contento.

En lugar de dejarme pasmar por todo lo que me quedaba por hacer, agarré lápiz y papel y comencé a garabatear una estructura que me sirviera de guía para darle orden al contenido. En los ratos que no podía estar al frente del computador hacía sonar conferencias que me parecían útiles para el curso, ya fuera desde Ivoox o desde Youtube.

Tengo claro cómo llegué a Enric Corbera. Tampoco lo hice sola. Mi mamá, que lo descubrió por las sugerencias de Youtube, me habló de él, por lo que en algún momento vi uno de sus videos para darme una idea de cómo era, luego, como muchas otras cosas, lo dejé de lado.

Un día, otra vez mi mamá, vio un video en el que una mujer hablaba de una fórmula, mágica en apariencia, para resolver todos los problemas en una noche y, obviamente me lo mandó. Lo vi y cuando mencionó al físico francés Garnier-Malet, fui a buscarlo. Como en el caso del blog The Unlost la sugerencia me sirvió para llegar a lo que realmente me interesaba. Al principio no entendía nada de nada. La entrevista que le habían hecho a Garnier-Malet en una radio argentina tuve que oírla al menos dos veces para no sentirme en una clase de chino avanzado. Perdida todavía busqué otros videos para salir de dudas y así di con una clase magistral del tema impartida por Enric Corbera. Al final me pareció un tipo competente, por lo que en el futuro volvería a buscar los videos del catalán.

Manos y mente a la obra

Como parte de los preparativos del curso de abundancia que iba a dar había vuelto a apuntar uno a uno mis gastos para ser más consciente de mi relación con la plata, craso error. El estar tan enfocada en las facturas y en los recibos estaba haciendo que mis bolsillos se desocuparan más rápido que antes. No me di cuenta de inmediato pero sí antes de que fuera demasiado vergonzoso. Ese fin de semana, el último de agosto para ser más precisa, me propuse hacer magia. Dejé de lado lo que estaba haciendo y comencé a ejecutar las acciones que siempre me han ayudado a mover energía estancada.

Desde el día anterior venía pensando en que, sin falta, cada vez que me dedico a un proyecto personal que me importa mucho, alguien me llama para ofrecerme trabajo. Un poco ya había ocurrido pero no del modo decisivo que esperaba, lo que en últimas era un reflejo de lo que estaba pasando en mi interior.

Dispersa en varios archivos está una novela y un manual de interpretación de sueños en los que trabajo desde hace años. Sabiendo, por sueños insistentes, que debo cerrar esos ciclos, que debo escribir el desenlace de situaciones y personajes revisé por enésima vez los archivos y retomé la escritura. Los cambios vinieron de inmediato. Algunas personas desconocidas me llamaron para consultar las cartas Lenormand, para que las acompañara en sus análisis oníricos y así, pero todavía no pasaba nada más porque yo no había organizado más mi energía.

El producto de estas reflexiones fue la decisión firme de arreglar la cocina de mi casa. Llevaba varios días viendo el estado lamentable en el que estaba, otro reflejo de mi situación interior. Al analizar sueños la cocina representa, a grandes rasgos, el trabajo, el área productiva de un individuo, por lo que si necesitas manifestar los medios para seguir viviendo lo primero que debes hacer es poner en orden esa parte de tu casa y, por reflejo, de tu vida. Ese domingo tiré el reciclaje y lavé el escurridor de platos, tareas que me inspiraban una pereza atroz pero que sabía eran necesarias para que todo fluyera. De fondo seguía sonando Enric Corbera y yo seguía sacando mugre, pero no sólo material.

En cierto punto recordé un mapa de los sueños que había hecho hace años. Quería quemarlo para darle al Cosmos el mensaje de que me interesaba cerrar un capítulo de mi pasado, abrir las puertas al presente y prepararme para el futuro. Revoleé cosas en cajones y no encontré lo que buscaba sino lo que necesitaba. Me topé con un papel con la letra manuscrita de un ex novio. La pregunta fue inmediata ¿para qué carajos estoy guardando esto? El tipo en cuestión no sólo dejó de ser importante para mí sino que está casado. Por donde mirara el papel no tenía nada que hacer en mis pertenencias. Alisté mi caldero, quemé el papel y cuando terminé tiré las cenizas por el sanitario. A continuación encendí una flor de salvia y me concentré en su ardor. El humo me embriagó. Con él di una vuelta entera por mi casa, asegurándome, con la consciencia más que con los movimientos, de que su esencia llegara a todos los rincones. Y seguí limpiando la cocina. Ese día no terminé la tarea que me propuse pero al menos supe qué tenía que hacer.

Diario de la abundancia – Parte cinco

Aprender para seguir aprendiendo

No me gustan los clichés porque siento que perpetúan paradigmas y esquemas mentales obsoletos. Por ejemplo en Colombia, donde vivo, todos los diciembres desde ve tú a saber hace cuántos años suena la canción que agradece al año porque le dejó un burro, una yegua y una buena suegra. Y si me equivoqué mencionando a los personajes qué bueno, porque eso quiere decir que ese esquema mental no me limita tanto.

Pienso que cuando usamos una y otra vez las mismas expresiones para referirnos a situaciones parecidas no nos hacemos un favor sino todo lo contrario. Hablar de x modo porque todos lo hacen, porque es cómodo o por miedo a encajar, sólo calcifica más formas de pensamiento –egrégoros– que en muchas ocasiones son muy dañinas, de ahí que me esfuerce conscientemente por cambiar las expresiones para, como consecuencia, cambiar creencias limitantes, algo íntimamente relacionado con mi curso.

Toda esta circunvolución acerca de los clichés es para hablar de uno de ellos: nadie aprende tanto como cuando enseña. Si quieren también pueden llamarle meme, una idea preestablecida y que de tanto ser repetida quienes la oyen, sin siquiera cuestionarla, toman por cierta. Sí, seguro que hay profesores tan seguros de lo que saben que ni por error revisarán su cátedra pero no es mi caso. En el momento en que alguien me dice “queremos que dictes un curso de este tema” yo empiezo a recopilar mentalmente las fuentes que revisaré para preparar lo que debo enseñar. Cuando Catalina me mencionó el tema yo me armé de libros, artículos, audios y videos de varios autores para sacar lo mejor de todo, para dar el curso que a mí me gustaría recibir.

Coqueteos intelectuales

En 2014 yo, otra vez, no estaba contenta con el trabajo que tenía. Trabajaba en una revista de arquitectura, diseño y decoración que parecía el trabajo de mis sueños. La dicha que sentí al comienzo de ese ciclo había sido efímera y superficial. Que me pagaran por escribir artículos cada vez más cortos y de temas que me tenían sin cuidado, no me hacía sentir afortunada, por eso cuando la directora de la publicación me dijo que lo nuestro no estaba resultando no me sorprendí y sentí alivio. La pregunta “¿ahora qué voy a hacer?” era inevitable y la abracé con ganas.

Me gusta decir que llego a las fuentes que necesito sola, pero esto no es cierto, al menos no del todo. En algún momento muerto, cuando creía que lo mío era dedicarme a ser administradora de redes sociales, o community manager, como le dice la gente cool, tragué tantos artículos como pude del tema. En uno de esos atracones encontré un informe anual que hacía o hace, ahora estoy desactualizada, Technorati acerca del estado de la blogósfera, es decir acerca de lo que se hace con los blogs, especialmente en inglés. Así llegué a una red social para profesionales jóvenes – Brazen Careerist—que a su vez me llevó a The Unlost, el blog de una chica estadounidense a quien recuerdo porque en algún punto de su búsqueda dijo algo así como que cuando renunció a un trabajo sintió que si le hubiesen ofrecido quedarse porque iban a pagarle un millón de dólares de todos modos habría renunciado, porque tenía la certeza de que estar ahí no era lo que quería hacer. Esa mujer tiene unos momentos de luz excepcional, además cita sus fuentes, detalle harto interesante para mí.

Sintiéndome no-perdida, que sería mi traducción de “unlost”, porque al menos sabía lo que no quería, que no equivale a saber lo que se quiere, pero a eso llegaré luego, me propuse leer todas las entradas de su blog para sentirme todavía menos perdida. Estuve haciendo este ejercicio durante varios días hasta que encontré eso que buscaba pero que no sabía que buscaba: The purpose of your life de Carol Adrienne, un libro que llevo más de dos años leyendo y que retomé para preparar mi curso acerca de la abundancia.

El libro de Adrienne no es difícil en sí, tampoco se trata de que me demore más porque, ya que puedo, lo estoy leyendo en inglés. El libro es lento de leer si te lo tomas en serio, justo como lo he hecho yo. Es un manual mezclado con historias de personas que sienten que han hallado su camino. La autora escribe muy bien y además es sincera. Cuenta cómo se equivocó al interpretar sincronicidades, describe sus miedos y hasta sus enfermedades lo que, a mis ojos, le da más credibilidad. Los ejercicios, aunque parecen sencillos son poderosos, por eso quiero incluirlos o versiones similares en este curso que estoy por dictar. Y cuando digo que los ejercicios son poderosos es porque los he practicado y no me han dejado igual. Completarlos me ha obligado a cuestionarme, a descubrir mis motivaciones ulteriores y a confrontar a mi sombra, a reconocerla no sólo como mi talanquera principal sino también como una de mis fuerzas mayores.

Está clarísimo, al menos para mí, que hasta aquí no llegué sola. El hecho de que haya encontrado estos materiales por mi cuenta no significa que todo sea mérito mío. Las personas que hicieron el estudio en Technorati, las que administran o administraban Brazen Careerist y Therese Schwenkler, autora de The Unlost fueron señales que seguí para llegar a este punto.

Autores y más autores

Entre quienes me conocen es más o menos sabido que cuando limpio mi casa oigo radio, podcasts para ser más precisa. La costumbre comenzó en otro viaje y en otro momento difícil. Quería quedarme a vivir en Uruguay pero las circunstancias no eran propicias. Acababa de visitar Piriápolis, ciudad alquímica, y obnubilada por ese lugar, quería saber más de él.

Busqué algo en internet y lo que salió fue un podcast de, mi ahora amigo, Gustavo Fernández. Su lenguaje vintage y su rigurosidad investigativa eran lo mío. Lo empecé a oír en 2011 y no dejé de hacerlo. Ivoox, la plataforma en la que encontré sus audios se transformó en una de mis fuentes favoritas de información. Por ahí y por sus recomendaciones encontré otras joyas en español de la mano de Milenio 3, pero para no irme de tema diré que allí mismo, en Ivoox encontré a Joan Antoni Melé, un conferencista y banquero español. Una de sus conferencias acerca de la prosperidad y la responsabilidad social resonó en mi cabeza mientras hablaba con Catalina. Quería incluir algunos de sus pensamientos en el material que estaba preparando, así como algunos del curso de energotonía de Gustavo Fernández, por eso empecé a revisar este material, a releerlo junto al de Carol Adrienne y otros más de Brené Brown. Ya estaba armada y me sentía muy satisfecha. Tenía todo lo que necesitaba para repasar mis conocimientos, para adquirir otros y honrar así el voto de confianza que me habían dado, pero todavía no habían llegado los dolores y para dar ese curso de abundancia desde el corazón y no sólo desde la razón fría eso hacía falta.

***

Parte del material de Joan Antoni Melé que he consultado es:

Dinero y consciencia

Libertad sin miedo

Diario de la abundancia – Parte cuatro

Ya estaba claro que seguía viviendo en Bogotá, todo se había acomodado sin esfuerzo para que dictara mi taller de plantas y sueños y durante los preparativos había conocido a dos mujeres especiales. Una de ellas me abría la puerta, poniendo en práctica su vocación, a un cambio interno que yo no planeaba.

Hace poco hice un amigo nuevo al que, recién conocí, le dije que quería cambiar mi vida, no porque estuviera rota sino porque sabía que podía estar mejor.

Desde hace unos años adopté la filosofía del agradecimiento, agradezco absolutamente todo, incluso las situaciones difíciles con las que me cruzo porque estoy convencida de que, a su modo, me están librando de dolores más hondos. No me quejo de los días lluviosos y me esfuerzo para escuchar el silencio de mi cuerpo sano. Pero tampoco me engaño.

Leyendo la autobiografía de Carl Gustav Jung, después de varios intentos fallidos, entendí que cuando todo está bien algo no está bien, que cuando te acomodaste te moriste y como yo quiero vivir tan intensamente como pueda, me preparé para la mudanza emocional.

En el segundo semestre del 2015 tomé la decisión de ir a Europa, no con tanta fluidez y confianza como había tomado la de viajar a Brasil en 2013, pero lo que cuenta es que la tomé. En las dos ocasiones sin que metiera mucha mano todo se organizó para que pudiera viajar. Los contratos que necesitaba aparecieron, incluso alguno sin que lo buscara, y en abril estaba decidida a, otra vez, cambiar de profesión.

La primera señal que me avisaba que iba por buen camino fue un encuentro fortuito que tuve en marzo de este año, justa y precisamente cuando acababa de dictar una versión primigenia de mi taller de plantas para dormir y soñar, ese que nació con un comentario suelto, mientras hablaba con mis amigos de Templo Té. En algún momento les había dicho algo así como “deberíamos armar un taller de esto”, sabiendo bien que el taller lo iba a dar yo pero que ellos generosamente me iban a abrir, otra vez, las puertas de su salón para que lo hiciera allí.

Sin más elegimos fecha, hicimos promoción y yo pasé una tarde genial hablando de plantas, ayudando a preparar infusiones y relatando mitos. Al final, cuando el salón comenzaba a llenarse me apuré, con uno de los empleados, a levantar todos los materiales para dejar libres las mesas por las que ya esperaban algunos clientes. Estando en ese ajetreo oí que alguien me llamaba pero ignoré la voz. El llamado se repitió y esta vez sí volteé a mirar para saber quién era. Vi una mujer que me resultaba algo familiar, pero no era capaz de conectar el rostro con ningún nombre. Estaba en las nubes, feliz, completa, pletórica y ese llamado estaba muy fuera de lugar. Cuando por fin la reconocí le dejé mi celular, mi kindle y los apuntes del taller como promesa de que en unos minutos, cuando la situación fuera menos caótica, volvería para hablar con ella. Y así lo hice.

La mujer era una ex compañera de universidad. Con ella había asistido al curso que tomé para recibir mi grado de psicología. Calculo que no la veía desde hace 10 años, pues luego fue colega mía cuando dicté clases en una universidad. Me senté y nos contamos un poco de nuestras vidas. La sonrisa enorme seguía en mi rostro. Ella hablaba para mostrar su posgrado, para adornar su trabajo corporativo y para realzar los viajes que había hecho su hijo, ya en sus veinte. Y yo no envidiaba nada de eso. Yo no deseaba nada más. Yo estaba en paz. Ese momento había sido como la llamada que te hace un profesor para que rindas un examen al frente de toda la clase y yo había obtenido la mejor calificación posible.

La transfusión de felicidad que recibí ese día no sólo me iba a durar varios meses sino que me había dado la claridad que llevaba casi dos años buscando acerca de qué quería hacer, de hacia dónde quería mover mi vida.

Después de ese encuentro, que terminó con un intercambio puramente social de números telefónicos, supe que eso que ya no me movía el corazón no me lo iba a mover más, al menos no en el futuro cercano. No quería volver a escribir artículos acerca de materiales de construcción ni entrevistar a médicos para rendirle informes a la industria farmacéutica. Lo que quería era comenzar a comprar cajas metálicas para guardar hierbas, hierbas para secar, cristales para limpiar y cuando material se me cruzara por delante para compartir lo que sé. Ese día hablando con esa ex compañera supe que iba a hacer eso ahí, en el salón de té, o donde estuviera. Esa certeza era otra expresión de abundancia.

Diarios de la abundancia – Parte tres

¿Tú también vas a la plaza de mercado?

En la charla que di en julio surgió la idea de ir a la Plaza de Mercado Samper Mendoza, un lugar mágico y particular de Bogotá en el que, de noche, se comercializan plantas aromáticas y medicinales. Envalentonada por el espaldarazo que me había dado la vida, me apuré a organizar el evento.

Sin saber muy bien qué o cómo lo hice, la visita empezó a tener una difusión inesperada. Incluso una emisora de radio local me llamó para que hablara de ella. Supongo, porque en el momento no fui consciente, que otra vez estaba en la sintonía emocional adecuada y por eso muchas personas se antojaron de ir. Las cifras decían que más de 250 personas irían a la plaza, pero como una cosa es lo que dice la gente y otra muy diferente la que hace, sabía que no llegarían tantas. Por las dudas, evalué varias rutas antes de esa noche para decidir cuál sería la más corta y segura. La seguridad al final no fue un problema. Éramos alrededor de 70 personas felices como hippies entusiasmadas con una idea simple y sencilla: visitar un pedazo de campo dentro de la ciudad. Sin embargo como el trabajo de sintonizarse con lo que dice el corazón es algo para toda la vida, no todo siguió cuesta arriba.

Si bien ese día promocioné el primer taller que daría en Bogotá, repartí tarjetas improvisadas y me animé a pedir propinas por mi trabajo, a pesar de la vergüenza y del miedo al qué dirán, volví a ser presa de los demonios.

Caminar, escribir y leer

A veces parece que todo lo quiero resolver caminando, escribiendo y leyendo, y en parte por eso aquí estoy.

Después de ver a tantas personas interesadas en temas que me fascinan sentí miedo a no llenar las expectativas ajenas y a no ser capaz de inspirar de nuevo interés en mi trabajo. Sentí miedo pero en lugar de dejar que las dudas me apretaran otra vez, di el paso. Fijé otro objetivo aprovechando la energía acumulada.

Después de que le aclarara a Catalina, una yerbatera urbana, que no vivo en Cali, ella me planteó la idea de dar el curso de plantas y sueños aquí, a lo que dije sí de inmediato. Lo que seguía era elegir una fecha. Escogí un fin de semana que no estuviera seguido por un lunes festivo, publiqué el evento y dejé el lugar por confirmar. Confié en que todo se acomodaría sin que hiciera mucho esfuerzo y así fue. Aclaro acá que cuando “suelto” la controladora que hay en mí se frunce y mucho. Muchísimo. ADORO, A-DO-RO saber hasta el último detalle de lo que voy a hacer para tener una sensación falsa de seguridad, de que voy a poder resolver cualquier cosa que salga mal, pero como cada vez soy más consciente de que es una creencia falsa, de que es un cuento que me echo para sentirme menos vulnerable, solté y el Cosmos respondió.

Pregunté públicamente a las personas interesadas en mis eventos pasados si sabían de un sitio relativamente tranquilo donde pudiera dictar mi curso. Recibí alrededor de una decena de respuestas y envié mensajes preguntando más acerca de las alternativas. No pasé horas y horas tratando de averiguar cuál era la mejor y de todos modos di con el lugar perfecto, con el que quería, el espacio donde trabaja Victoria, una terapeuta de medicina tradicional china. La información de lo que enseño y del modo en que lo hago había llegado a ella a través de otra mujer que ya había visto mi trabajo. Ella, como si fuese mi representante, le “vendió” la idea a Victoria, que la compró de inmediato. Curiosamente todos los avances y preguntas que hice para intentar alquilar otros lugares no llegaron a buen puerto, sin embargo los hechos ya estaban acomodados para que yo no dejara de caminar.

De nuevo con la yerbatera

De Catalina ya me habían hablado antes. Alguien la mencionó en la visita a la plaza y también sabía de ella por un grupo de hierbas medicinales que hay en facebook. Aunque habíamos intercambiado varios mensajes no habíamos podido encontrarnos por nuestras ocupaciones, pero ella que dice de sí misma que es especialista en abrir ciclos y puertas las dejó así, abiertas y yo finalmente las encontré para entrar.

En nuestra primera reunión me habló de Sembrando Barrio, el proyecto en el que trabaja y de cómo yo podría apoyarlo compartiendo otros de mis saberes. Acabábamos de conocernos y ya estábamos tirando ideas para trabajar juntas.

Una de esas ideas fue hacer un taller acerca de cómo tener una relación sana con la plata. La planteamos en términos muy generales. Yo, que con el tiempo he aprendido a verme con el amor que sienten mis amigos por mí, supe que sí, que si siempre he encontrado el modo de conseguir lo que quiero, también podía dictar ese taller. Lo que no sabía ni sospechaba era la intensidad del movimiento que estaba a punto de generar.

Diario de la abundancia – Parte dos

Había vuelto de Europa. Había enfrentado el miedo, viajaba de nuevo, arriesgando mis finanzas y, de un modo insólito, no estaba en bancarrota. Ahora incluso vivía en otra ciudad, según se decía.

El haber elegido Cali y Vivenciar para dictar por primera vez mi curso de plantas y sueños tuvo varios efectos. Una amiga de una de las socias fundadoras de este centro holístico, que vive en Tunja, me pidió que fuera a dictarlo a su ciudad, además otras personas, que asumían yo vivía fuera de Bogotá, me sugerían que lo dictara acá, a lo que respondí con una charla que di en julio y que desencadenaría otros hechos.

Intentando aprovechar el público que asistiría a otra feria holística, programada para esa misma fecha, publiqué el evento en mi página de facebook. Expliqué que como pago recibiría plantas vivas, libretas bonitas y pan de aceitunas y orégano, productos que esperaba estuvieran a la venta ese día. Pero reinterpretando un poco el dicho de Dios y los planes, yo hice planes y la vida se rió de mí.

Aunque la feria que esperaba usar como carnada para atraer el interés hacia mi charla fue aplazada dos días antes, seguí adelante. No dejé que el miedo a quedarme hablando sola de plantas y sueños me paralizara. En 2012 el creer que no era capaz de convocar a nadie para hablar de lo que me apasiona me llevó a contactar a una dueña de negocio y a una persona con más seguidores que yo en twitter. Creí que así aseguraría algún público para hablar de interpretación de sueños, pero justamente eso, el miedo, bloqueó el flujo de energía en esa dirección. Si bien dicté más charlas después de esas, nunca logré que llegaran más de tres personas interesadas en saber de los temas que estudio.

Todavía no entiendo qué pasó. Intento entender cómo cambié la situación y en el fondo sé que no voy a descubrirlo con la cabeza. Sé que no voy a descubrir racionalmente el mecanismo que accioné porque fue algo más sutil, de corte emocional y de lo que, en principio, sólo se me permitió ver el resultado, porque en ese momento era lo que necesitaba.

El día que di mi primera charla al aire libre me desperté con el propósito que me acompaña cada vez que voy a compartir lo que sé. No importa si llega una persona o si llegan 15, yo me comporto como una rockstar. No me callo nada. Respondo todo lo que sé y lo que no, no me lo invento. Digo “no sé”, averiguo y cuando tengo una respuesta para dar, busco al preguntador y, si lo encuentro, se la doy. Lo hice así hace años cuando trabajé como profesora universitaria y lo sigo haciendo en cursos, talleres y charlas. Ese día no iba a ser diferente, al menos no en ese sentido.

A mi charla no llegaron tres gatos, llegó un perro y alrededor de 30 personas. Ese día algo que estaba ahí, esperando que alguien le diera voz, se hizo obvio: el maridaje entre plantas y sueños va bien, va muy bien. Prácticamente todos los asistentes se quedaron hasta el final y hubo más de un interesado en las lecturas de cartas Lenormand que había ofrecido informalmente en la descripción del evento, y eso no fue todo lo que ocurrió. Cuando hablé del mercado nocturno de hierbas aromáticas y medicinales los ojos se abrieron y la curiosidad grupal se despertó. Alguno alzó la voz para proponer que fuéramos allí. Yo, tomada por la impulsividad dije que sí, que estaba bien la idea pero que para eso era necesario un grupo de diez, doce personas para hacer de la visita algo seguro. El barrio en el que se encuentra esta plaza de mercado sufre el estigma de ser peligroso, sobre todo de noche, por lo que no suele ser una idea sensata llegar allí en grupos pequeños, mucho menos si deciden hacerlo a pie.

A los pocos días, con la alegría fresca y dejando uno de mis miedos a un lado, publiqué el evento del mejor modo posible: sin esperar nada. Entonces la energía, de nuevo, empezó a reacomodarse para sorprender.

Diario de la abundancia – Parte uno

El desarrollo interior es algo extraño. Cuando crees que ya aprendiste alguna lección te encuentras de nuevo con el mismo tema para descubrir que sólo superaste un nivel. Al menos eso que casi habías olvidado te servirá para ir más allá, ese lugar que sólo descubres avanzando.

El año pasado por fin entendí un sueño que me visitaba frecuentemente. Me comunicaba que los cambios que deseaba en mi vida dependían de mis acciones y no de las de terceros. Ahora parece una verdad que salta desde estas líneas, pero en ese entonces seguía engañada. Ilusionada esperaba que un hada madrina se manifestara a través de un cliente ofreciéndome el contrato ideal para escribir una serie de textos de los temas que me interesan pero, muy previsiblemente, eso no pasó.

En un momento de semilucidez entendí que tenía que dar un paso en la dirección en la que quiero que vaya mi vida. Para mostrar las habilidades profesionales que he adquirido y cómo puedo aplicarlas en temas que me interesan, hice un análisis de las creencias que impiden que la gente experimente abundancia. Buscando un poco encontré un blog dedicado a la ley de atracción en el que se les preguntaba a los lectores por qué creían que no tenían abundancia en sus vidas. La cantidad y la calidad de las respuestas era lo que necesitaba para llegar a conclusiones puntuales. El resultado fue una presentación acerca de las creencias limitantes más difundidas. El material fue usado al menos una vez por un amigo que dicta cursos de autodefensa psíquica y otro temas, pero no atrajo ningún cliente interesado en que hiciera un estudio similar para evaluar los productos o los servicios de su empresa. Estaba avanzando pero todavía no tenía la información necesaria para conectar los puntos.

Mira el miedo a los ojos y actúa

Valentía, o estupidez, dependiendo de quién sea el juez, no es actuar en ausencia de miedo, es hacerlo incluso cuando lo que quieres es irte corriendo al baño para llorar, y eso fue lo que hice en junio pasado.

Antes de irme a Europa, un viaje con el que había soñado durante mucho tiempo, sentía la necesidad de cambiar aunque en teoría ya hacía todo bien. Aunque había cambiado de carrera cuando había querido y había logrado que me pagaran por aprender, por leer y por escribir tenía la sensación de que todo eso no era suficiente. No era codicia, era que ya me daba igual si un cliente quería una revista para vender más pinturas o para promocionar empanadas. Mi corazón estaba en las plantas y en los sueños. Con esa certeza comencé a comprar latas para guardar plantas secas, sabiendo que a mi regreso iba a enseñar lo que sé y me enamora. Cómo iba a hacerlo o de dónde sacaría la plata eran detalles de los que me encargaría a mi regreso.

Vamos a la feria

Poco después de que volviera a Bogotá, cuando las deudas me presionaban para trabajar en lo que ya no creía, se organizó una feria de productos y servicios holísticos con un espacio para dar charlas. Para tener acceso a él había dos opciones: pagar o no pagar. Viendo el estado indeseado de mi bolsillo envié un par de propuestas y dejé en manos de los responsables del evento la decisión de incluirme o no en el programa. Y resultó. Estando allí descubrí que en lugar de darme una hora para hablar me habían dado dos, además modificaron el título de mi curso, que adopté por ser más breve y sonoro: Plantas para dormir y soñar. A pesar de algunos contratiempos pude enseñar lo que me apasiona. Los asistentes lo notaron y hasta hubo alguna mujer que me dijo que me amaba por haberle mostrado lo que sabía y de plata… pues plata no recibí, pero justo ahora me doy cuenta de que no pagué por lo tanto no estaba en posición de recibir, al menos no todavía.

Desde que llegué sentía la necesidad de seguir viajando, por hice pública la idea de dictar mi curso en Cali. Desde antes de elegir esa ciudad como el lugar en el que empezaría esta etapa nueva sabía que no sería fácil aunque tampoco imposible. Dictarlo en Bogotá, como después lo comprobé, no representaba ningún reto y yo necesitaba imponerme uno y superarlo para convencerme de que tenía lo que hace falta para seguir adelante. La situación me daba miedo porque en ese punto estaba viviendo de mis ahorros y los contratos que me quedaban eran insuficientes para llegar a fin de año. Si nadie se inscribía a mi curso mi bancarrota, además de dolorosa, sería inminente. Tenía miedo, pero de todos modos avancé.

El curso no tuvo lleno total pero sí alcancé el punto de equilibrio. Visto desde la perspectiva del aprendizaje estuvo buenísimo. Ese fin de semana me reencontré con amigos a los que adoro, conocí a una mujer maravillosa e hice parte de una sincronicidad para la que hubo testigos. A pesar de mis miedos regresé a la ciudad sin verme obligada a pedir plata prestada y siendo protagonista de un rumor.

Pesadillas para todos los disgustos

Correr sin avanzar, casi como si lo hicieras debajo del agua, descubrirte sin ropa en medio de la calle, comprobar que estás perdiendo los dientes o darte cuenta de que todavía te falta aprobar un curso para graduarte, así lleves años ejerciendo tu profesión, son sólo algunos ejemplos de pesadillas clásicas. Yo, que he leído unos cuantos sueños en mi tarea de investigadora onírica sé que conforman apenas una pequeña selección de un mundo vasto y misterioso.

Lo primero es definir la palabra pesadilla. Podría decir que se trata de un tipo de sueño feo, espantoso, desagradable, pero estas palabras no serían muy útiles para describirlo. A mí no me gustan los estampados de estilo animal print pero a otras mujeres las enloquecen, por lo tanto esos términos –feo, espantoso, desagradable—son bastante relativos, de ahí que prefiera remitirme a las emociones.

Una pesadilla, definida de un modo sencillo, es un sueño que causa angustia, preocupación, ansiedad y hasta problemas para respirar en la persona que la experimenta. El contenido es secundario, anecdótico. Un alimento, una situación cotidiana o la presencia de un animal exótico pueden provocar emociones negativas cuando aparecen en un sueño, convirtiéndolo en una pesadilla, por lo que la clave está ahí, en las emociones, no en las cualidades intrínsecas de los estímulos que la conforman.

En épocas pasadas se creía que la causa de las pesadillas era externa, casi siempre, pues era obra de un demonio, como lo atestiguan los orígenes de la palabra en español –algo pequeño y pesado, pesadito, pesadilla− y en alemán albtraum que puede dividirse en “alb” y “traum”, en la que “traum” significa sueño y “alb” que hace referencia a un “afaik”, es decir una criatura que disfruta sentándose sobre el pecho de los durmientes para asfixiarlos.

Hoy sabiendo que las causas de las pesadillas son, la mayoría de las veces, internas, analizaré las situaciones que las producen y daré un par de consejos para dejar de padecerlas.

Animales rechazados

Hay para todos los gustos, o mejor, para todos los disgustos. A unos les aterra ver culebras, serpientes o como prefieran llamarlas. Otros huyen ante la vista de roedores, sin importar color ni tamaño. Sea cual fuere la especie, el soñador evitará por todos los medios el contacto con los animales que le incomodan.

Dentro de esta categoría puede hacerse una diferenciación: 1) gusanos e insectos, relacionados con procesos de metamorfosis, pueden simbolizar conflictos frente a cambios inevitables y temor ante la toma de decisiones inminentes, y 2) plagas en general, mosquitos, langostas, ratones, ratas, etc., que, según el contexto y el perfil del soñador, pueden simbolizar consecuencias desagradables por falta de planeación o  la necesidad de evitar espacios, personas o circunstancias que entran en conflicto con las preferencias personales.

Cuando los animales rechazados son los mismos a los que se teme en la vida despierta vale la pena explorar la posibilidad de estar sufriendo una fobia y las causas de esta, proceso que irá más allá de una interpretación de sueños ocasional.

Pérdida o daño de objetos queridos

En estas pesadillas cosas, que a veces ni se tienen en la vida despierta, aparecen mojadas, derretidas, rotas, etc., situación que causa mucha contrariedad. La interpretación fácil apuntaría a un exceso de apego a los bienes materiales pero cuando se experimenta una pesadilla de este tipo es mejor y más útil preguntarse qué se hace con el objeto, para qué sirve, de dónde viene, qué representa. Tal vez ese computador que echa chispas y se pierde en llamas sea un deseo no tan reprimido de dejar un trabajo de oficina para dedicarse a otro al aire libre.

Otra clave para entender éstas pesadillas es observar el modo en que el objeto pierde su integridad. No es lo mismo quemar algo que mojarlo. El fuego transforma para siempre mientras que el agua purifica y permite, en muchas ocasiones, volver a usar lo que tocó. Si en un sueño  algo se va por un barranco podría ser símbolo de que nunca tuvo cimientos firmes o si se lanza a la boca de un volcán expresaría la necesidad o el deseo de dejar algo atrás, para siempre.

Muerte de un ser querido

Éste es un clásico entre los clásicos, además es muy versátil. Se adapta a situaciones e interpretaciones múltiples. Si sueñas que se te caen los dientes es porque alguien morirá, incluso algunas interpretaciones le asignan un familiar a cada diente. Y si sueñas que un conocido se casa mejor alista un atuendo negro porque lo necesitarás. Si en tu sueño alguien se muere, dale un abrazo apenas lo veas porque pronto será su hora, y así hasta el infinito. Aunque es cierto que en ocasiones, y por pura probabilidad, estos sueños a veces coinciden con la muerte de un ser querido, es más cierto que la mayoría de las veces esto NO ocurre. En el tiempo que llevo explorando el mundo onírico sólo sé de un caso en el que alguien soñó con el matrimonio de una persona cercana y esta murió poco después, pero fue uno entre decenas, por no decir cientos.

A los sueños que “avisan” la muerte de alguien es mejor tomarlos con pinzas, incluso si lo anuncian de modo literal. En la mayoría de los casos hablan de cierre de ciclos, de etapas que terminan o de advertencias acerca del modo inadecuado en que se trata a quien se dice amar. Es verdad, no sabemos si volveremos a ver a ese que acabamos de despedir, así le hayamos dicho “la próxima vez haremos aquello”. Nadie sabe cuándo morirá, sólo sabemos que el momento llegará, por eso no sobra tratar bien a los demás y ver qué hay en ese sueño nefasto a través del cual se viven las emociones que causa la pérdida de un ser querido. Si muere de un modo doloroso y lento tiene un significado, si lo hace de repente tiene otro, una diferencia que el soñador debe identificar y analizar, si así lo desea.

Monstruos

Dicen que la creación del monstruo principal de la película Alien, el octavo pasajero se basó en la forma que tienen los bebés de libélula, haciéndole un flaco favor a un animal que ya tiene demasiadas leyendas negativas encima. Pero los sueños también hacen lo propio. Durante la fase del descanso la mente inconsciente es capaz de crear quimeras irreproducibles en la vida despierta. Cuervos con patas de reptil, tortugas con alas, conejos con melena y ballenas con patas de caballo son algunos ejemplos simpáticos de todo lo que puede inventar el miedo.

Los monstruos suelen estar muy presentes en los sueños de los niños, pero no por eso dejan de visitar los de los adultos. Ya sea que persigan al soñador o que simplemente lo observen mientras se queda paralizado, indefenso y confundido, logran inspirar un terror tal que los onironautas más inteligentes y talentosos usan para transformar un sueño cotidiano en uno lúcido.

Las representaciones monstruosas pueden ser símbolos de situaciones desagradables que se viven en la vigilia, incluso combinaciones de ellas, pues aunque parezca burdo, un búho con dientes de lobo siempre será más fácil de imaginar que el estrés que inspira un empleo aburrido y sin futuro. Las características elegidas por el soñador para crear su monstruo personal estarán íntimamente relacionadas con aquello que le preocupa y le atormenta en su vida despierta.

Catástrofes, accidentes de tráfico y accidentes aéreos

Aparecen por temporadas, en especial en aquellas en las que se dan cambios que angustian o sobre los que no se tiene ningún control. En términos astrológicos pueden describirse como la tendencia Piscis a dejar que todo se resuelva solo, a no intervenir, a eludir la toma de decisiones, aunque también pueden martirizar a quienes quieren que todo se haga como ellos dicen. En el primer caso el darle la espalda a las situaciones importantes, el negarse a hacer preparativos para lo que viene lleva a que las circunstancias se desarrollen de un modo indeseable y que parece no admitir intervención. En el segundo pondrá a prueba la capacidad de adaptación y la flexibilidad de quien los sueña.

A pesar del dramatismo de sus imágenes estos sueños también pueden tener un lado positivo: si temes que algo salga mal es porque ese algo te importa. El sentido de responsabilidad hacia alguna tarea, proyecto o persona puede ser el detonante de las pesadillas de este tipo, que tienen como función mantener alerta a las personas para que no dejen ningún factor importante al azar.

En otros casos, los menos afortunados, pueden hacer parte de un Síndrome de Estrés Postraumático en el que el sobreviviente revive una y otra vez, dormido y despierto, la situación que le causó una herida psicológica. Para superar estas pesadillas algunas personas requieren acompañamiento terapéutico o espiritual, según su entorno cultural y creencias.

Persecuciones

Las he mencionado de soslayo porque están presentes en pesadillas distintas. Te persigue un monstruo, una nave espacial, el hombre que te prestó plata, una fiera salvaje, la mujer a la que le dijiste por teléfono que no querías verla más. Crea el escenario y tu mente la llenará de personajes. Sin importar el ser o el objeto del que huyas, te informan cuáles son tus asuntos pendientes.

Tal vez te haga falta ser valiente para enfrentar lo desconocido, quizás debas examinarte para saber con certeza cuáles son tus fortalezas y cuáles tus debilidades, o de pronto lo que necesitas es dar la cara, decir lo que te gusta y lo que no soportas para detener un hábito nocivo que está a punto de volverse tóxico. La persecución no terminará hasta que actúes. Los enemigos se harán más grandes, más poderosos o comenzarás a sentir que tus piernas están hechas de roca y por eso no puedes avanzar. ¿Vas a seguir corriendo o vas a encarar tus miedos?

Suciedad

Mierda, caca, estiércol, excremento y basura podrida son símbolos de impureza. Amenazan los sueños de aquellos que rechazan las situaciones negativas u oscuras de la vida, esas que hacen crecer a las personas y que por más que se intente no pueden ser eludidas.

Cuando alguien relata un sueño de estos y no sé quién lo tuvo me viene a la mente la imagen de alguien que no soporta tener las manos sucias, que siempre tiene cerca un poco de gel desinfectante, que baja el agua del sanitario con el pie cada vez que usa un baño público y a la que le brillan los ojos al leer la frase “elimina el 99.9% de las bacterias” en una etiqueta.

Si estás vivo duele, si estás vivo te ensucias. Pasar intacto desde las 9 horas de nacido hasta los 99 años es imposible. Tendríamos que aprender más de Wabi-Sabi, aquél concepto japonés que enseña a reconocer la belleza que hay en la imperfección. Las pesadillas de este tipo, por lo tanto están muy relacionadas con aquellas en las que insectos y gusanos tienen un papel protagónico, pues el cambio marca, deja huellas.

Un examen perdido o un requisito no cumplido

Intentas una y otra vez, y sin éxito, llegar a tu clase de física, aunque tienes 40 años, tres hijos y una casa de campo. A la mente del sueño no le importa, allí vuelves a ser ese muchachito de 17, inseguro y confundido que no entiende bien ecuaciones. Al despertar sientes alivio indescriptible, el sudor frío se seca y le sonríes con nerviosismo a tu mujer, después te preparas para esa cita importante que tienes con un cliente.

Freud veía las pesadillas de este tipo como un recordatorio de una prueba superada, por lo que en el caso descrito actuaría como un espaldarazo, como un mensaje de tu inconsciente que te dice “todo va a salir bien, tienes lo que se necesita para resolverlo”.

A las pesadillas en las que se está desnudo, en pijama o descalzo delante de otros, que sí están arreglados de un modo acorde con la ocasión, también las incluyo en este grupo pues expresan un sentimiento de inferioridad, aunque quien las padece sea un ser humano vital, competente y exitoso. El sueño hablaría entonces de un temor infundado pues quien lo sufre en realidad tiene los recursos suficientes para sortear los obstáculos que encuentra en su camino.

En el lado menos positivo estas pesadillas pueden ser interpretadas como un llamado de atención del tipo “estás dejando de lado una tarea importante” o “necesitas ser más constante para alcanzar la meta que te fijaste”. Sea cual fuere el caso no desaparecerán hasta que se tomen las medidas necesarias al respecto y, si el asunto importante que mencionan es ignorado, volverán con más fuerza e intensidad, idea que retomaré al final.

Invasiones extraterrestres, apocalipsis y posesiones demoníacas

Quieres que tu vida cambie, que te pasen cosas emocionantes, que el amor de tu vida toque tu puerta o ganarte el premio gordo de la lotería pero desde hace 25 años desayunas lo mismo, le tienes terror a conocer gente nueva y te parece que comprar la lotería es tirar la plata, entonces ¿cómo era la frase de Einstein? Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener resultados diferentes. Así veo a los soñadores que sufren con frecuencia estas pesadillas. Desean intensamente que sus vidas tengan otro sabor, que algo los saque de la rutina pero se niegan a dejar su rutina, por el motivo que sea.

No, no me estoy haciendo la superada, simplemente escribo desde las experiencias que he tenido. En algunos de mis sueños he sentido terror porque los extraterrestres van a apoderarse de la tierra, porque el mundo se va a acabar de un modo desconocido o porque la situación me exige que expulse demonios invisibles y visibles de personas y sitios. Los sueños de este tipo me han mostrado lo que no me gusta de las situaciones que vivo y me han enseñado que los cambios que espero debo provocarlos yo, en lugar de esperar que vengan de afuera, de un jefe, de un cliente fabuloso o de un familiar lejano y desconocido que me deja como heredera de su fortuna…

Las pesadillas de este tipo surgen para incomodar, esa es su función principal. Al inseguro de su fe lo cuestionan, lo obligan a pensar si la imagen que le vendieron en la iglesia o en el culto es la que resuena con lo que tiene en el interior. Al ufólogo o aficionado al contacto extraterrestre lo encaran con las hipótesis que tiene para explicar el avistamiento de ovnis y al que se encuentra con poseídos lo llevan a revaluar la idea de una maldad foránea, exterior y que no tiene nada que ver con su supuesta pureza.

Estas pesadillas pueden ser interpretadas a la ligera, ser atribuidas a recuerdos trasnochados de películas vistas antes de dormir o a excesos imaginativos, pero cuando se las mira de cerca y con seriedad pueden ser maestras maravillosas que dejan mensajes para reflexionar y crecer.

Enfermedades

Entre más exploro el mundo de los sueños, más similitudes encuentro entre estos tránsitos nocturnos y el tránsito final, la muerte, y así me libero más de los miedos. Pero la enfermedad siempre está ahí. Un accidente, un paso en falso o el azar pueden quitarte eso que sólo valoras cuando no está, eso que rara vez agradeces, ese no sentir el cuerpo del que hablaba Hipócrates.

Soñar con la enfermedad es algo natural, un temor que se expresa cuando bajas la guardia, sale, se manifiesta. Las enfermedades propias o ajenas muchas veces están relacionadas con el sufrimiento, a lo que realmente se teme pero que se confunde con el miedo a la muerte.

En algunos casos las pesadillas que muestran enfermedades son anuncios de esa sabiduría del cuerpo que intenta transmitirte lo que te hace falta, esa que tan a menudo ignoramos. Piden descanso al trabajador compulsivo o anuncian la necesidad de hacer un chequeo a ese que odia los hospitales. Su lenguaje, como el de la mayoría de los sueños, está cifrado por eso señalan partes del cuerpo y síntomas, pero rara vez dan diagnósticos claros, sin embargo, cuando el sueño es honrado, prestándole atención a través de la escritura, el dibujo o cualquier otra creación artística, ayudan a resolver situaciones que enferman y que complican la vida. En ocasiones incluso sirven para hacer desaparecer síntomas, pero esto sólo es posible cuando se ha consolidado una relación íntima con ese Otro Lado, con el Inconsciente Colectivo del que provienen.

Seres oscuros o gamberros cósmicos

Cuenta la leyenda que Don Juan, el maestro de Carlos Castaneda no quería que se hablara de ellos porque temía que si las personas sabían demasiado de esta figura, que él llamaba “voladores”, se asustarían.

Mi interpretación de esta creencia tiene como base el hecho de que el miedo y las emociones negativas nutren a esos seres oscuros. Acá me refiero a una figura distinta de la llamada “vampiros psíquicos”, aunque exista la tendencia a usar ambos términos como sinónimos.

Según lo entiendo y lo he experimentado, cada vez en menos ocasiones, los vampiros psíquicos son aquellos personajes, de carne y hueso, que descargan sus problemas, preocupaciones y miedos en el primer par de orejas dispuestas que encuentran. Son esos mismos individuos que buscan compañía para sus desgracias y que después de haberlas contado se van tan tranquilos y tan majos, pues sienten que el bulto, el peso muerto de sus problemas se lo dejaron a otro, que tras la visita del vampiro psíquico queda listo para bañarse con kilos de sal marina, salvia y ruda.

Los seres oscuros, saboteadores o gamberros cósmicos aparecen en los sueños de quienes intentan ir más allá. A veces no se presentan de un modo literal sino en forma de distracciones, tentaciones o contratiempos. La película The Adjustment Bureau (2011) −Guardianes del destino o Destino oculto, en español− los ilustra bastante bien.

Su presencia se hace evidente al intentar explorar los límites conocidos del mundo onírico, por ejemplo cuando se proponen misiones espirituales para ser cumplidas en otras dimensiones. Aparecen en forma de amantes irresistibles, deseos ineludibles o como guardias al peor estilo de Mr. Smith en The Matrix y el de los señores grises en Momo, del grandioso Michael Ende. Su función es ralentizar, impedir y entorpecer para que los seres humanos sigan siendo vaquitas inconscientes fáciles de guiar y tragar.

El antídoto es obvio pero no fácil de conseguir: la consciencia. Puedes desarrollarla bailando, leyendo, meditando en flor de loto o en movimiento, dedicándote a un arte con sacralidad, etc. para lo que es necesario otra clave: la disciplina. No suena sencillo pero si lo consigues dormirás más tranquilo, sabiendo que “tu sabor” desagradable los mantendrá lejos de tus senderos de aprendizaje y exploración.

La atención es clave

Los sueños son como niños y las pesadillas son la versión onírica de las rabietas / pataletas, por eso entre más atención les prestas a tus sueños menos pesadillas tienes. Esta es una regla de oro que llevo años comprobando.

Una de las funciones de los sueños, más allá de si se interpretan o no, es transformar, conectarnos con el Otro Lado, con esa dimensión que se ignora y que muchas veces se rechaza por temor a caer en la tentación. Carl Gustav Jung la llamaba la sombra, una cualidad que, como la luminosa, hace parte de nosotros, el Demonio de la Guarda que equilibra al Ángel de la Guarda.

Las características de esta dimensión no son claras, es una realidad difusa, difícil de trazar e imposible de definir. Todo lo que se puede hacer es aproximarse a ella, aceptarla, invitarla a tomar té o café, reconocer su existencia y su relación estrecha con el cambio y el caos que lo precede. De esta aproximación surgirán sensaciones y enseñanzas valiosísimas, irremplazables y que nadie puede dar al soñador. El onironatura, tú si así has decidido llamarte, debes ir a buscarlas porque se trata de un aprendizaje experiencial, sin maestros ni tutores. Y sé que no todos están dispuestos a dar este paso, al menos no de golpe, por eso cerraré este artículo con un par de trucos que descubrí y que han dado buenos resultados.

Uno para valientes

Enfrentarse a una pesadilla no parece difícil, pero cuando te ha visitado muchas veces, te ha robado demasiadas horas de sueño y te hace pensar dos veces antes de irte a dormir se convierte en un reto, por eso para poner en práctica este consejo necesitas valentía.

El procedimiento es muy sencillo. Estando en la cama debes rememorar o de preferencia leer el relato detallado de la pesadilla que te atormenta. El objetivo es que las imágenes, los olores y en general todos los estímulos que la componen estén frescos y vivos en tu mente justo antes de dormir. Aunque esto parece más un manual para auto-torturarse el efecto será el opuesto.

Ese Otro Lado que he mencionado sabrá que tiene tu atención, que quieres escuchar, no sólo oír, lo que tiene para decirte y se encargará de darte su mensaje de un modo menos dramático. Al día siguiente o en medio de la noche, cuando recuerdes eso que has soñado, que no será una pesadilla, debes apuntarlo en tu nocturnario para actuar del modo que aconseja, así no lo comprendas pues su esencia ya te habrá tocado. Si no lo haces así la pesadilla volverá, recargada y transformada hasta que eso que intenta decirte capture de nuevo tu interés. En otros casos volverás a saber de ella cuando se materialice en tu vida despierta.

Una aproximación herbal

Este remedio lo encontré por azar.

Una noche preparaba hierbas para hacer bolsas oníricas y justo antes de dormir me entretuve quitándoles las ramitas a las hojas de toronjil / melisa (Melissa Officinalis) que tenía guardadas en una vasija. El olor me cautivó así que agradecí al elemental de la planta por permitirme vivir ese momento. Aspiré de nuevo el olor, con consciencia, con intensidad, luego me fui a dormir.

ilustración botánica de melissa officinalis

En uno de los sueños que tuve más tarde, esa misma noche, un grupo de hombres agredió a otro del que yo hacía parte. En un momento, basada en no sé qué detalle, supe que todo era un sueño. Llamé a la calma, di instrucciones a mi grupo y tras completarlas terminamos con la situación. Hasta hoy es el ejemplo más nítido que recuerdo de ese fundido en negro que se percibe después del final de un sueño.

De seguro las pesadillas volverán a visitarnos, por eso espero que después de leer este artículo aprendas algo nuevo de ti, así en el futuro sabrás cómo encararlas.

John_Henry_Fuseli_-_The_Nightmare