Sueños y milagros

Se acostumbra pedir un milagro cuando todos los intentos previos para conseguir algo han fallado, mas dada la tendencia inmediatista, la esperanza de gratificación instantánea que caracteriza a un gran porcentaje de la población occidental vale la pena preguntarse realmente si hace falta un milagro o la ausencia de resultados se debe a la escasez de dedicación.

Milagros menos celestiales, más terrenales ocurren todos los días a quienes tienen la disposición necesaria para ir más allá de sus límites, para hacer ese esfuerzo que marca la diferencia y produce el milagro.

Todos los días se compran millares de libros de autoayuda, se pagan multitudes de cursos de meditación trascendental, de método Silva, reiki, aromaterapia y aurasoma ─sólo por nombrar algunos caminos de crecimiento personal─ y en esas mismas ocasiones cantidades iguales de individuos se quejan de la ineficacia de tales métodos, pero ¿resistirían un análisis concienzudo de por qué ese sendero no funcionó para ellos?, ¿tuvieron la paciencia necesaria para sostener el esfuerzo que demandaba la técnica antes de comenzar a ver resultados?

Muchos buscadores de milagros no se detienen a pensar si algo está fallando en ellos, en realidad no necesitan hacerlo, para eso están los buenos señores de las editoriales que ofrecen miles de títulos en los cuales podrán descargar los efectos de sus esperanzas desgastadas y sus deseos rotos. Si Coelho les falla, ya los estará esperando Buscaglia, Chopra o Hay en una estantería lujosa y bien iluminada. Si Osho sólo dice patrañas seguro se puede culpar a la vaca del tiempo que le hizo perder para luego, ilusionarse con el monje que vendió su carro y cambió su vida. Los señores del dinero, los señores grises, de los que habla Ende, son fantásticos, saben cómo mercadear las ganas de ser un mejor individuo y la gente les parece maravillosa, especialmente cuando sigue a pie juntillas sus planes estratégicos.

Ya lo dijo Jodorowsky en uno de sus libros, basta con una buena borrachera y una piedra para cambiar la visión de la vida ─la presencia de un perro también puede ser harto útil─, sin embargo la mezcla no está completa sino hasta que se atisba el significado verdadero de la palabra consciencia.

Existen seres humanos que conocen de cerca el sentido de la compasión y la importancia de abrir bien los ojos así nunca hayan tocado un libro de Bucay o Riso, pues los lectores expertos no sólo encuentran lecciones espirituales profundas en El lobo estepario sino en el mundo que les rodea.

No se es mejor intérprete de sueños por soñar más. Todos soñamos más o menos la misma cantidad de tiempo, la diferencia está en si recordamos esos viajes nocturnos o no. La persona, es decir aquella que es consciente de su poder y de los aspectos que la diferencian de la masa amorfa que ríe con alegría sin diluir mientras se la idiotiza exitosamente, les presta atención a sus sueños porque reconoce su función, sabe que esas señales le marcan la ruta que debe seguir para cristalizar sus objetivos, reconoce a su actividad onírica como el ritmo que le avisa en qué punto es necesario redoblar el paso para encarar hechos que los más despistados llaman milagros.

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