Regala una metáfora visual

niños al final de una plataforma flotante

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Es triste ver cuántos portarretratos se regalan y cuán pocas imágenes intencionadas los adornan. A pesar del reinado de las cámaras digitales son muy pocas las personas que se detienen a imaginar una escena significativa para adornar un objeto que permanecerá a la vista de todos.

Creo firmemente en el poder de las metáforas visuales porque varias de las que he construido conscientemente me han servido para llegar a los puertos que he elegido. No se trata de ser terca y de negarme a torcer el rumbo cuando las señales aparecen, pero tampoco creo que lo mejor sea abandonarse a la fuerza de los vientos oportunistas, de ahí que me guste controlar al menos el sitio en el que pongo momentáneamente, pero varias veces al día, mi atención.

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Regalar una fotografía creada con intención y estética cultivada se convierte en algo más que un recuerdo. Tiene el poder de conectar dos dimensiones, dos espacios-tiempos, uno desde el que se parte y otro al que se quiere llegar. Darle a alguien, por ejemplo una imagen de algo que la hace sonreír es regalarle alegría. Si en cambio la imagen es una donde se la ve viviendo uno de sus momentos más altos, sirve como recordatorio constante de que en ella permanece el potencial de ser feliz, a pesar de todo.

Al dar una foto o una imagen cuidadosamente escogida abres un canal hacia los lugares más íntimos, hacia los cuerpos más sutiles donde ya todo ha comenzado a manifestarse antes de hacerse físico.

Iconka diseñó el ícono de la bola de cristal.
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