Valores sensoriales

A comienzos de este año escribí acerca de regalar una lectura en voz alta, actividad que hacía parte de una serie de artículos que buscaba plantear la posibilidad de dar experiencias en lugar de objetos. Creo que en la época que vivimos somos demasiados los que tenemos cosas que no usamos, que no necesitamos, por eso es más valioso el tiempo y el esfuerzo puesto en transformar, así sea brevemente, la vida de una persona a la que se aprecia, porque de ese modo será más probable dejarle un recuerdo que la acompañe durante mucho tiempo.

En esto pienso cada tanto y ahora que estoy leyendo un libro de C. G. Jung me encuentro con este pasaje:

atardecer visto desde la cima de una montaña

just me julie

Al término de mis vacaciones mi padre vino a buscarme y me llevó a Lucerna, donde —¡oh felicidad!— subimos a un barco. Nunca había visto nada semejante. No me cansaba de contemplar cómo funcionaba la máquina de vapor y repentinamente se anunció que estábamos en Vitznau. Sobre el lugar se elevaba una montaña alta y mi padre me explicó que era el Rigi y que la ascendía un ferrocarril, concretamente un tren de cremallera.  Fuimos a una pequeña estación y allí estaba la locomotora más rara del mundo, con la caldera de vapor boca arriba, pero inclinada. En el vagón los asientos estaban también inclinados. Mi padre me colocó el billete en la mano y me dijo: «Ahora puedes ascender solo a la cumbre del Rigi. Yo me quedo aquí, pues para dos resulta muy caro. Ten cuidado y procura no caerte.»

Me quedé mudo de alegría. ¡Qué imponente montaña, tan alta, como nunca había visto otra, tan próxima al volcán de mi ya lejano pasado! De hecho era ya casi un hombre. Me había comprado para este viaje un bastón de bambú y una gorra de jockey inglesa tal como era adecuado para un trotamundos ¡y ahora me encontraba en la cima de esta inmensa montaña! Ya no sabía qué era más grande, si la montaña o yo. Con poderoso impulso la fabulosa locomotora me fue empujando a alturas inmensas donde sin cesar se ofrecían a mis ojos nuevas profundidades y lejanías; por último me hallé en la cumbre, en un aire nuevo, extrañamente enrarecido para mí, ante una extensión inimaginable: Sí, pensaba yo, esto es el mundo, mi mundo, el verdadero mundo, el misterio, donde no existen maestros, ni escuelas, ni preguntas sin respuesta, donde se existe sin tener que preguntar. Tuve mucho cuidado durante el camino, pues había enormes precipicios. Resultaba solemne, había que estar cortés y silencioso, pues se estaba en el mundo de Dios. Aquí se le sentía vivo. Esto era un regalo, el más caro y mejor, que  nunca mi padre me dio.

Tomado de Recuerdos, sueños, pensamientos, autobiografía de Carl Gustav Jung

A ver si alguien se anima a contarme, en la sección de comentarios, si ha experimentado un regalo tan inolvidable como el que C. G. Jung recibió de su padre o qué opinión tiene de este autor y sus libros.

Y siguiendo con el ritmo de las experiencias que llenan de valor la vida, acá dejo la información acerca de la degustación sensorial de té de la que haré parte dentro de poco. Quizás a alguno le resulte interesante para agitar sus esquemas.

El mundo del Té puede despertar tus sentidos a través de sus aromas, texturas y colores. Descubre con El Templo la magia detrás de cada taza de té y encuentra el balance perfecto entre armonía y percepción. Primera degustación sensorial de Té 1. Exploración de sensaciones a través de elementos físicos. 2. Degustación y apreciación de 5 variedades de té. Sábado, 28 de septiembre de 2013 4:00 p.m. Valor: $30.000 Cupos limitados. avenida 24 37-60 tlf. 314 305  9238

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2 comentarios en “Valores sensoriales

    • María Eugenia, gracias por compartir tus experiencias. En eso es en lo que hay que invertir. Siempre. Y los que vengan a comentar después lean los enlaces, están muy divertidos, uno incluso me recordó la esencia guerrera de Lagertha, la protagonista de la serie Vikingos… ahora recordé a Xena también.

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