Escribir un sueño antes de interpretarlo

La mayoría de la gente cree que para poder interpretar un sueño es suficiente con recordar unos cuantos símbolos antes de consultar su significado en un diccionario, pero lo cierto es que en los detalles, que con el tiempo se olvidan, puede estar la clave para su interpretación.

“Tengo que contarte el sueño que tuve anoche”, así comienzan algunas conversaciones en torno al mundo onírico y muchas terminan más o menos del mismo modo, sin ir más allá ni reflexionar acerca del mensaje que la mente profunda buscaba transmitir con un viaje nocturno peculiar.

Relatar un sueño a alguien con el fin de averiguar su significado es como querer mantener limpia la casa sólo barriéndola. Contar un sueño está muy bien si se toma sólo como el primer paso en una tarea que en ocasiones es más compleja de lo que se sospecha.

Hay sueños tan cotidianos, como aquellos en que un estudiante se ve a sí mismo resolviendo ecuaciones después de haber pasado horas estudiando trigonometría, que poco revelan si son interpretados, pero hay otros que deben ser observados en todo su contexto y con todos sus detalles para recibir sus enseñanzas. Esta labor es más fácil cuando el objeto de análisis es siempre el mismo y se complica si el objeto cambia constantemente.

Rara vez se cuenta dos veces de forma idéntica un suceso o un sueño. Los cambios en el ritmo, en el tono de la voz y en el vocabulario hacen cada versión única, y aunque estas variaciones también pueden dar pistas acerca de su significado, de cómo las imágenes nocturnas afectan al soñador, también complican el análisis, por eso es tan recomendable escribir o grabar los sueños de los que se quiere saber el significado. Al tener una versión fija, no modificada por los olvidos y por las emociones que surgen al hablar del mismo sueño con distintas personas ─a unas se les cuentan más detalles que a otras─ se puede emprender una interpretación más “objetiva”. Al cabo de unos días o de unos meses el sueño registrado además tendrá el poder de evocar las sensaciones que estuvieron presentes dentro de él y, es posible que, con la perspectiva que da el tiempo, se descubran significados nuevos, unos que no eran evidentes en la mañana siguiente al viaje nocturno.

Escribir un sueño no es capricho, es una forma de reservar enseñanzas para el futuro, cercano  o lejano.

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