Cómo llevar un nocturnario o diario de sueños

libreta con hojas en blanco y pluma

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Juan despertó frotándose los ojos y tratando de separar el recuerdo del sueño que acababa de tener del color azul de las paredes que le rodeaban. Las hojas violetas de los árboles que había visto mientras dormía parecían estar pegadas a sus párpados, por lo que le tomó un rato conectarse con la realidad, o al menos con la realidad de ese día nuevo. Aunque estaba seguro de que siempre recordaría ese sueño, así no lo escribiera, una semana más tarde sólo recordaría el color violeta de las hojas de un árbol que entonces parecería un fantasma.

Muchísimas personas afirman, con seriedad y sin dudas, que ellas no sueñan, al menos no todas las noches. Tal vez son muchísimas también las que desconocen la conexión que hay entre los diarios personales y la capacidad para recordar sueños.

En la mayoría de guías que hay acerca del trabajo con sueños, incluidas las dedicadas a la interpretación y las que prometen que provocarán sueños lúcidos, se habla de la importancia de llevar un diario de sueños, también conocido como nocturnario, mas poco se dice acerca de su relación con los eventos de la vida despierta, descuido que considero desafortunado.

Escribir en un cuaderno o en una libreta especial los acontecimientos que te impactan o que te llaman mucho la atención es un paso previo y muy importante cuando tu objetivo es aprender a entender tus sueños. El hábito de escribir, si no a diario al menos con alguna frecuencia, los hechos más significativos de tus días prepara tu mente para la tarea posterior de registrar lo que ocurre en tus noches. No es lo mismo (nunca lo será) llegar a la página en blanco o a las líneas silenciosas después de haber sintonizado la sensibilidad para percibir el entorno que hacerlo, con actitud robótica, para seguir una instrucción dada por un experto desconocido.

Además cuando se está aprendiendo a interpretar sueños, un aprendizaje que bien puede tomar toda la vida si se quiere, tanto los hechos como los métodos usados para registrarlos importan, por eso paso a hablar de los más comunes, entre los disponibles, para llevar un diario o un nocturnario.

¿Papel y lápiz o dedos y bits?, esa es la cuestión

Poco a poco la costumbre de usar papel y lápiz para escribir pensamientos, sueños y preocupaciones personales está perdiendo popularidad al tiempo que la tendencia de usar dispositivos electrónicos para los mismos fines va ganando fuerza, por lo tanto es curioso que los manuales oníricos sigan haciendo énfasis en la necesidad de escribir en una libreta, dejada con anticipación cerca a la cama, los sueños que se logra recordar. Hecho curioso sí, mas no vacío.

En los años que llevo estudiando el mundo de los sueños he experimentado con otras técnicas de registro, por eso puedo hablar con soltura de sus beneficios y de sus puntos débiles, que también son aplicables cuando son usadas para recopilar eventos cotidianos.

  • Archivos de texto guardados en el computador: Prácticos, en especial para escribir sueños o eventos largos, presentan demasiadas distracciones, más hoy en día cuando la conexión a internet es permanente. Entre sus bondades están la multiplicidad de formatos que existen para hacer anotaciones al margen, la facilidad que ofrecen para organizar la información y las herramientas que incluyen para hacer búsquedas dentro del texto.

De los trabajadores con sueños que han obtenidos buenos resultados con esta técnica de registro he oído que a veces hacen apuntes generales de lo que quieren escribir y luego usan un procesador de texto para crear relatos detallados. Dicen también que usar el computador es más cómodo que escribir a mano, en especial cuando se trata de manejar mucha información.

Otros factores asociados a la necesidad de esperar a que el computador esté listo para comenzar a escribir, la lucidez que hace falta para trabajar frente a él y la alternativa de dejarlo encendido para acortar la espera lo convierten en una de mis técnicas menos favoritas ya que muchas veces el carácter sutil del sueño recordado no se lleva bien con el brillo del monitor ni con las tareas variadas que parecen reproducirse de forma descontrolada en cuanto se sienta uno frente a este aparato.

  • Videograbadoras: Es la técnica con la que menos he trabajado, en parte porque consultar la información registrada con una videograbadora es poco práctico, excepto para quien está habituado a trabajar frecuentemente con ella. Útil para recoger datos frescos, de sueños recién tenidos o de situaciones recién vividas, diferenciar entre el contenido en sí del hecho y las opiniones o comentarios que surgen alrededor del mismo puede ser complejo, además la necesidad de esperar a que el dispositivo esté listo para funcionar puede provocar la pérdida de detalles clave, sobre todo cuando se está trabajando con material onírico. La alternativa es dejar el aparato –cámara, teléfono celular, etc.─ en modo de “espera” para usarlo de inmediato en el momento justo sin embargo, como he explicado en el capítulo dedicado al descanso saludable, prefiero evitar al máximo dormir cerca de corrientes electromagnéticas, por eso apago o desconecto estos artefactos antes de ir a la cama.
  • Grabadoras de audio: Sus cualidades y sus defectos son similares a los de los videos, pero teniendo en cuenta que he experimentado más con este recurso mi opinión es más profunda. En ciertas ocasiones las he usado para registrar sueños largos y detallados que temo olvidar más tarde. También las he usado para grabar frases clave que luego uso como anzuelo para evocar el recuerdo completo del sueño cuando sé que seguiré durmiendo y que el contenido de los sueños posteriores enterrará el del anterior. Creo que este es justamente el escenario en el que mejor se desempeñan, pues cuando he intentado, poquísimo tiempo después de despertar, grabar un sueño extenso la sucesión de bostezos y mi voz somnolienta me han obligado a hacer una interpretación doble: una de lo que pretendía decir y otra del significado de la situación relatada.
  • Escribir a mano: Mi favorita de lejos aunque cavernícola para muchos también plantea retos. Para quien tiene una caligrafía de comprensión dudosa, pues luego tiene que adivinar lo que intentó escribir, y para quien siente dolores casi insoportables después de quince minutos de tener el lápiz o el bolígrafo entre los dedos, claramente no es la primera opción, sin embargo sus ventajas quizás logren persuadirte.

Escribir en una tableta o en un teléfono celular se reduce a reconocer las letras y a digitarlas con un movimiento repetitivo de las manos, en contraste escribir a mano activa áreas distintas del cuerpo y, por ende, del cerebro. El movimiento necesario para trazar la G no es igual al que hace falta para escribir la R, además algunas personas no sólo usan la mano y la muñeca para escribir sino que también mueven el brazo completo, desde el hombro. Tal activación te ayuda a recordar más detalles del hecho o del sueño que intentas registrar y establece un contacto íntimo con las sensaciones que experimentas, despierto o dormido, cuando lo vivías.

He perdido la cuenta de las veces que he recuperado detalles que creía perdidos mientras escribía a mano unas pocas líneas de un sueño que creía prácticamente olvidado. Estoy convencida de que estímulos sensoriales de otro tipo, como el ruido que hacen los lápices de dureza distinta sobre el papel, los olores de las tintas y la textura de las hojas bajo la piel crean en conjunto una atmósfera adecuada para que los sueños y las enseñanzas encuentren un espacio propio y se abran paso hacia la consciencia.

Ahora que he expuesto las cualidades y los puntos débiles de los métodos disponibles para recopilar escenas de sueños y de eventos cotidianos paso a darte algunas recomendaciones que te servirán para sacar el provecho máximo de las impresiones que decidas registrar.

Hilos sueltos y retazos

Cuando nunca has llevado un diario o un nocturnario crees que sólo alguna información es digna de llegar a sus páginas, mas lo cierto es que cualquier detalle o sensación que consideres novedosa tiene el valor suficiente para ser registrada. Un ejemplo excelente de esta costumbre de observar y luego escribir lo que hace estremecer al alma es El libro de la almohada de la dama Sei Shonagon, en él la autora describe escenas que vive en épocas distintas del año, habla de la decoración usada en las fiestas a las que asiste y se anima a registrar sus opiniones acerca de las personas que la rodean.

Si bien al empezar a escribir mi primer diario temía que cayera en manos inadecuadas, con el tiempo comprendí que tanto yo como quienes me rodeaban entonces teníamos que aprender a respetar los límites de la privacidad propia y ajena. De nada sirve que guardes tu diario en una caja fuerte si vives rodeada de gente en la que no puedes confiar, pues en ese caso el problema más serio que debes resolver es cómo te relacionas con los demás y no cómo evitar que alguien se entere de tus asuntos más íntimos. Tampoco propongo que compartas tus sueños con todas las personas que conoces, y con las que no también, lo que pretendo es llevar tu atención hacia el hecho de que todo, absolutamente todo es susceptible de ser escrito en un diario o en un nocturnario. Los asuntos que te preocupan, las situaciones inconclusas, sorpresas pequeñas y escenas solitarias de los sueños que apenas recuerdas son contenidos perfectos para plasmar en las hojas de un cuaderno o de una libreta.

Es muy posible que con el tiempo descubras que diario y nocturnario se funden en un libro solo, personal y valioso que te acompaña durante periodos largos de tu vida con la lealtad y la compasión que aún están por cultivar muchos seres humanos.

Sin juez y sin filtro

Una de las razones, quizás la principal, por la que para tantos es difícil recordar sus sueños es el miedo.

Miedo a lo desconocido, miedo a lo nuevo, miedo a perder el control, miedo a lo extraño…

Justamente por miedo es que se rechazan, de modo consciente y de modo inconsciente, los recuerdos que quedan de los sueños al despertar, miedo que impide recibir los beneficios que trae consigo el trabajo onírico.

Una vez tomas la decisión de aceptar tus sueños, como vienen, sin juzgar ni filtrar su contenido experimentas un aumento en la cantidad de información que obtienes de ellos. Entre más tiempo y atención dedicas a observar tus viajes nocturnos, evitando pronunciar frases como “mis sueños son los más raros del mundo” o “¿por qué no podré soñar cosas normales?”, comprobarás que se expanden, que florecen y que los recuerdos que dejan son más coloridos, más claros, más luminosos y que son capaces de contar historias completas.

Los sueños aunque parecen absurdos y caprichosos tienen su lógica propia, se comportan como un personaje esquivo y taciturno que sólo entabla conversación con aquel que está dispuesto a escucharle en medio del respeto y del silencio.

La próxima vez que recuerdes algo de uno de tus sueños regístralo, usando el método que quieras, sin siquiera intentar comprenderlo, así honrarás a esa parte de ti que permanece oculta y que luce atemorizante pero que sólo desea que la aceptes y que dejes de ignorarla para poder enseñarte a vivir con plenitud.

La belleza del garabato

dibujos a mano alzada de elefante, plumas de escribir, langosta y vestido de flores

Algunos dibujos de uno de mis primeros nocturnarios.

Otra creencia muy marcada en torno a llevar un diario o un nocturnario es la de que en el cuaderno destinado a este fin sólo se deben incluir frases y, en general, contenido escrito. No sé dónde o cómo surgió esta idea poco afortunada, sólo sé que desde siempre entendí que agendas, libretas y objetos parecidos dedicados a plasmar mis sueños y mis ideas eran y son campos de libertad en los que prácticamente todo está permitido, por eso no sólo tengo la costumbre de escribir sino de garabatear en ellos.

Ya lo mencioné en el capítulo anterior de este manual, pero no sobra que lo repita: el talento artístico no es un requisito para aprender a interpretar sueños y mucho menos para desarrollar la creatividad. A veces, al registrar un evento personal impactante o para darle claridad a un sueño las letras no son suficientes por eso es necesario trazar esquemas, garabatear y jugar con líneas para fijar la esencia que le da al acontecimiento su carácter particular.

Cuando no se trabaja sobre papel hay otras formas de cristalizar impresiones, las grabadoras de sonidos, por ejemplo, ayudan a guardar expresiones urbanas y campestres, y las cámaras, fotográficas o de video, dan la posibilidad de crear imágenes que tienen como fin evocar sensaciones más que inmortalizar recuerdos. Otras herramientas como las tablas digitalizadoras también permiten llevar la espontaneidad el dibujo libre al ambiente electrónico por lo que en últimas depende de ti cómo te conectas con los mundos sutiles.

El reino de los recuerdos

Mis diarios / nocturnarios están llenos de pasajes, tiquetes, entradas a eventos y trozos de tela, porque más que un criterio editorial rígido para crear libros personales e íntimos lo que tengo es fascinación por las experiencias que atravieso y por la huella que dejan en mí.

Los dibujos que viven en mis cuadernos pueden estar hechos con crayones o con acuarelas, algunos son bosquejos descuidados y otros recortes con la letra manuscrita de un amigo porque, repito, todo vale.

Así como los sueños no son sólo olores o sólo imágenes los relatos que hago de ellos tienen formas diversas. Si creo que un botón es de un color igual al de una flor que vi en un sueño que logró conmoverme lo guardo, pero si en cambio tuve que hacer un viaje aburrido de trabajo tiro todos los elementos pequeños e inútiles conectados con tal hecho.

Al llevar un diario o un nocturnario el criterio que gobierna las acciones no es distinto del propio. Las reglas las creas tú y tú las rompes o las doblas; el objetivo al ejecutar esta actividad es reproducir, con tanta fidelidad como sea posible, la cualidad etérea del inconsciente para que cuando entres en contacto con él te abrace sin atemorizarte.

La ópera de los sapos

(Haz clic aquí para oír una grabación sin editar del canto de sapos amplificado por la rejilla de un desagüe)

Prepárate para las sorpresas

Durante los años que siguieron a la primera lectura que hice de Introducción al psicoanálisis de Sigmund Freud los recuerdos espontáneos de sueños me encontraban desprevenida y con las manos vacías. Iba en un bus cuando un movimiento simple de mi compañero de silla se transformaba en el primero de varios detalles, que como cadena de pañuelos escondida en la manga de un mago, arrastraba consigo un caudal de recuerdos que creía perdido. Luego de varias experiencias similares me habitué a llevar siempre conmigo una libreta y un lápiz o un bolígrafo para describir someramente las imágenes oníricas que decidían visitar mi memoria siguiendo su horario propio.

Ahora ya no necesito usar este método porque he organizado mi vida para tener un espacio diario en el que interpreto y analizo los sueños que recuerdo, además he aprendido a enlazar varios viajes oníricos para desmenuzarlos en sesiones personales especiales, algo de lo que hablaré en el capítulo dedicado a la programación de sueños (es probable que publique este contenido en noviembre, pero no puedo asegurarlo) en cualquier caso creo que esta costumbre de tener a mano algo para escribir, incluido el teléfono celular, es altamente recomendable para que dejes de ser un extraño en las tierras de Morfeo.

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Aquí termina este fragmento del capítulo tres del manual de interpretación de sueños que estoy escribiendo. En la versión completa incluyo instrucciones precisas para registrar sueños de un modo apropiado para darle claridad a la etapa de análisis.

Si te interesa saber más de este libro y de otros en los que sigo trabajando recuerda leer las actualizaciones que llegan a tu correo o suscríbete para empezar a recibirlas. Para hacerlo puedes usar el formulario que está debajo:

La próxima semana dedicaré una entrada a Mademoiselle Lenormand, una mujer relacionada íntimamente con una de las tablas numerológicas menos conocidas pero que puede ser usada para interpretar sueños.

Hasta entonces y que tengas dulces sueños.

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Un comentario en “Cómo llevar un nocturnario o diario de sueños

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