Programación (incubación) de sueños: lo obvio y lo no tanto

Muchos de los artículos que hablan de programación de sueños se centran en elementos obvios que están más del lado del registro de eventos nocturnos que en las pautas importantes para encontrar respuestas claras y concretas en el contenido onírico, por eso decidí escribir acerca de lo que pocas veces se observa pero que es necesario para recibir ayuda y consejos de los viajes nocturnos.

No se trata sólo de cerrar los ojos

Para evitar repetirme te remito a los artículos que escribí acerca de cómo diseñar un ritual adecuado para descansar y acerca de cómo llevar un nocturnario o diario de sueños. A partir de las recomendaciones que describo en ellos te será más fácil encontrar las condiciones que necesitas tú, en particular, para descansar agradablemente y para recopilar datos oníricos. Después de que tengas claro cómo debes llegar a la cama y cómo se te da mejor registrar tus sueños estarás listo para prestarle atención a otros elementos, a otras actividades que te servirán para acercarte al significado total de lo que intenta comunicarte tu inconsciente, un buen (si no el mejor) consejero.

La pregunta es lo de más

Así como cuando se consultan otros oráculos como el I-ching, el tarot, las cartas Lenormand y las runas, la pregunta no es lo de menos. Al programar sueños es necesario hacer preguntas puntuales y que puedan dejar tras de sí respuestas diáfanas, sin espacio para las ambigüedades. Una pregunta como ¿debo vender o alquilar esta casa? entonces será mejor que una en la que se pregunta escuetamente ¿cómo irán mis finanzas? La primera apunta a resolver una situación específica mientras que la segunda pide un panorama tan general que ni un sueño ni un financiero experimentado podría responderla adecuadamente sin pedir más información.

La tarea de interpretar sueños es útil para pedir señales que indiquen el camino que se debe seguir en situaciones diversas, y para cumplir este objetivo se vale de la lógica propia del mundo onírico, que no es distinta de la lógica de los símbolos, sin embargo hace falta recordar que sólo se hallarán respuestas coherentes con la programación de sueños si las preguntas lo son también.

Más allá del ruido

No es posible preparar comida saludable con agua sucia y tampoco es posible formular preguntas comprensibles con la mente turbia, por eso la meditación y la reflexión son requisitos para programar sueños de un modo ordenado.

Llegar a una idea limpia, a una duda que sirva como la base para la solución de un problema es una consecuencia del pensamiento lógico y tranquilo. Ejercicios que sitúan el centro de la atención en la respiración o que buscan dejar de lado la actividad mental caótica son preámbulos, antecedentes ideales para el planteamiento de la pregunta que se quiere responder a través de un sueño.

Concentrarse (así parezca una contradicción frente a la palabra meditación) en la tensión muscular de cada parte del cuerpo, para luego dejarla ir, es una alternativa válida que te prepara para las fases siguientes de esta técnica de trabajo onírico. Sea cual fuere la meditación que elijas para desocupar tu mente de actividad parásita o desordenada es crucial que no olvides el objetivo: encontrar la pregunta que debe ser respondida.

Un constructor, por ejemplo, puede estar más preocupado por cómo decidirá con cuál arquitecto trabajar para hacer un edificio cuando todavía no ha definido cómo pagará todo el proyecto. En este caso al final de la meditación tendría que ser evidente que es necesario hacer una pregunta acerca de cómo asegurar las condiciones económicas necesarias para materializar la obra deseada. O quizás no.

Con mucha frecuencia olvidamos dos hechos fuertes: decidimos pensando con las emociones y las variables que controlamos son muchas menos de las que nos gusta aceptar. Los olvidos entonces nos llevan a choques con la realidad que catalogamos como injustos o imposibles de remediar. O casi.

“Comprobado: La programación de sueños no funciona”

Las quejas que surgen en torno a la programación de sueños son del tipo “los sueños no tienen ninguna relación con la realidad”, “los sueños son absurdos”, “los sueños no sirven para nada” o “los sueños son muy raros”, quejas que sólo reflejan ignorancia, miedo a lo desconocido y falta de método al emplearla.

Alcanzar resultados útiles para cada quien a través de la programación de sueños sólo es posible cuando el acercamiento a ella se hace desde una postura flexible y abierta al cambio.

El estilo de vida que nos caracteriza a los occidentales, lleno de distracciones, de ruidos y de prisas es sumamente efectivo cuando se trata de hacernos perder de vista lo esencial. Creemos sin cuestionarnos que el éxito, que el dinero, que el reconocimiento social, incluso el que viene de aquellos que no saben nuestros nombres (ni quieren saberlos) es lo más importante y mientras nos convencemos de ello ganamos confusión, nos desconectamos del centro, de nuestras motivaciones verdaderas y nos enfocamos en lo que nos esclaviza, para luego hacer preguntas que podrían resumirse en ¿qué puedo hacer para esclavizarme más?

Confundir lo que quieres con lo que necesitas es una trampa mortal

Ana creyó que creía que había seguido correctamente todos los consejos, todas las técnicas que había leído en todos los libros de autoayuda que había comprado y que le habían prestado. Había encendido velas blancas porque el que estaba de moda decía que los que se habían escrito en la década de 1840, que hablaban de velas azules, estaban equivocados.

Todo, Ana había hecho todo al pie de la letra pero seguía sin entender por qué sólo soñaba con incendios que la obligaban a empezar vidas nuevas. Todo lo que quería saber era cómo podía conocer al hombre de su vida.

Las personas se equivocan más de lo que lo hacen los sueños. Es más fácil ignorar las respuestas evidentes que hacer las preguntas correctas.

La programación de sueños no falla por errores procedimentales sino por fallos actitudinales. Los viajes oníricos, las láminas del tarot y los hexagramas del I-ching hacen las veces de espejos que reflejan aspectos propios que a menudo es incómodo aceptar. En tal cualidad yace su función más poderosa y más valiosa.

Cuando insistes en preguntar acerca de tu vida amorosa pero sigues ignorando un dolor físico que intenta llamar tu atención desde hace semanas es cuando demoras la llegada de los cambios que dices esperar. El primer paso para introducir modificaciones significativas en tu vida, para eliminar la hierba mala de los problemas crónicos es el cambio de actitud que lleva a la acción, luego las acciones sostenidas, repetidas en la dirección deseada darán, con el tiempo, paso a lo que algunos llaman milagros, pero que no es más que la consecuencia natural de la coherencia entre actos e intenciones.

La programación de sueños no falla cuando dice que el sol saldrá por el oriente, fallas tú cuando insistes en ver el amanecer por el occidente.

“Ya sé que no voy a ser feliz cuando tenga un hijo”

La apertura de mente frente a los mensajes que los sueños transmiten a través de escenas, en apariencia absurdas, es primordial para comprenderlos y para adquirir la capacidad de aplicarlos en la vida despierta. Una vez has soltado un deseo superficial o falso puedes reconocer el porqué sueñas con un tema que consideras irrelevante o con una situación molesta que intentas reprimir. En cambio, cuando insistes en pedir respuestas a preguntas caprichosas, relacionadas con asuntos secundarios, urgentes pero no importantes, cultivas frustración y sigues comportándote del modo que te llevó al problema que quieres resolver o al lugar del que intentas salir.

Un hombre que, por ejemplo, está convencido de que sólo será feliz cuando tenga un hijo difícilmente comprenderá, con cabeza y corazón, lo que sus sueños intentan decirle cuando le muestran infinidad de tareas domésticas que debe concluir antes de salir de casa. Este hombre seguirá ignorando que para ser un padre competente primero necesita arreglar lo que no funciona en su vida, pues un niño por más hermoso e inteligente que sea no tiene la responsabilidad de darle felicidad a su padre, un estado que como adulto sano y completo debe crear por sí mismo.

No basta con visualizar

El término visualización creativa es tramposo para muchas personas, en especial para aquellas que tienen problemas imaginando cómo se ve alguien o algo, de ahí que este ejercicio salga mejor cuando otros sentidos están involucrados.

En una de las prácticas meditativas de la corriente budista de El Camino del Diamante se instruye a los practicantes para que creen una imagen de Buda, pero además se dan instrucciones acerca de cómo debe acomodarse el cuerpo, del mantra a recitar y del modo en que debe ser usado el mala o “rosario” budista. La constelación de sensaciones táctiles, sonoras, kinestésicas y visuales hacen que alcanzar un estado de claridad mental sea fácil, tanto para quienes tienen mucho talento para imaginar escenas visuales como para aquellos que se sienten más cómodos inventando sonidos o evocando texturas.

Se ha hecho demasiado énfasis en el aspecto visual de la visualización creativa y esa es una de las razones por las cuales tantas personas están convencidas de que no pueden practicarla, ya sea porque tienen una imaginación muy fértil en cuanto a imágenes o porque tienen un estilo de pensamiento diferente, una inteligencia distinta que les dificulta los ejercicios de este tipo; por fortuna hay varias alternativas para resolver este problema.

Al emprender una sesión de visualización creativa con el objetivo de provocar un sueño relacionado con el asunto que te interesa recuerda involucrar todos los sentidos. Si intentas saber cuál es el mejor modo de cambiar de trabajo o de vocación incluye en tu escenario mental sensaciones detalladas, aunque parezcan irrelevantes o menores.

Algunas preguntas que pueden guiarte a través de este procedimiento son:

¿Con qué trabajas?, ¿con qué tipo de herramientas?, ¿trabajas con tu cabeza o con tu cuerpo?, ¿cómo se siente esa mano, esa pierna, ese miembro cuando entra en contacto con la herramienta?

¿Hay algún olor en el ambiente?, ¿de dónde viene?, ¿a qué se parece?, ¿qué recuerdos te trae?

¿Se oye algo?, ¿cuál es la fuente de ese sonido?

Otro elemento poderoso que puedes involucrar en ejercicios de este tipo es la emoción. Presta atención a cómo te sientes cuando piensas en esa pregunta que te inquieta y a cómo te sentirías si ya tuvieras la respuesta. Préstale atención también a cómo te sentirías si ese problema que te preocupa ya se hubiese resuelto, cómo se comportarían las personas que lo producen o que están envueltas en él, enfócate en cómo sería tu estado de ánimo si no llevaras ese peso encima. Entre más detalles logres recopilar durante la etapa de visualización creativa más fácil será para ti acceder, mediante un sueño, a la respuesta, a la solución.

Más tarde el contraste existente entre tu viaje nocturno y las escenas que habrás formado en tu escenario mental te servirán para analizar con más profundidad y con más certeza los símbolos oníricos.

Llevar el sueño al día

Aunque intentar tener sueños consejeros durante la siesta es perfectamente posible, no es a eso a lo que me refiero. Cuando hablo de llevar el sueño al día quiero decir que en la medida en que la visualización creativa se repite con frecuencia, en especial junto a su contenido emocional, se perciben cambios más evidentes y se reciben respuestas más rápidas, más coherentes.

Momentos ideales para completar este ejercicio se dan mientras viajas en transporte público, mientras esperas a que cambie la luz del semáforo o mientras limpias y ordenas tu casa. Efectos secundarios de esta práctica son aparición de sonrisas sutiles, mejoría del estado de ánimo y aumento de la fe en lo que traerá el futuro.

La programación de sueños, cuando se lleva a cabo con consciencia y con una posición mental que la considera una estrategia para analizar situaciones y no una patraña más del negocio de la new age, se transforma en un medio confiable al que se puede acudir en épocas de necesidad o de duda.

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Fuentes:

El nuevo lenguaje secreto de los sueños – David Fontana (2008) Paidós

Eres energía – Ghislaina D. Martel (1994) Robin Book

El libro de la espiritualidad de las mujeres – Diane Stein (1987) Editorial Humanitas

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