Capítulo 7: Runas y sueños

Las runas le dan forma a un oráculo, más antiguo que el tarot, desconocido por muchos, y que se usa, más que para indagar el futuro, para eliminar obstáculos, para sanar heridas emocionales y físicas, para ampliar la consciencia y para influir en el entorno. El origen del futhark o alfabeto rúnico toma elementos de la mitología nórdica y de la historia comprobada para mostrar que sólo quien estudia, con disciplina y con respeto, sus principios y las relaciones existentes entre ellos se gana el privilegio de recibir respuestas que disipen la niebla que dejan los sueños.

Manuscript-Odinn

Imagen de Odín en un manuscrito islandés del siglo XVIII.

 La leyenda

Contar la historia de cómo Odín, el dios más sabio y más poderoso del panteón nórdico, obtuvo el conocimiento sagrado del futhark comenzando con el momento en el que se cuelga de un árbol es fácil pero también equivale a contar una historia incompleta. Quizás lo mejor sea relatar esta leyenda explicando porque Odín aparece como un dios tuerto en imágenes creadas en siglos previos.

Mimir o “el que lo recuerda todo” era un consejero buscado por los dioses cuando necesitaban analizar los hechos presentes comparándolos con los del pasado. Él, usando su memoria impresionante, les daba una perspectiva distinta y así los ayudaba a tomar decisiones.

En una ocasión Odín visitó a Mimir para pedirle que lo dejara beber del manantial del que tomaba su poder. El consejero aceptó la petición pero pidió algo a cambio, el dios le ofreció uno de sus ojos, se lo arrancó y lo dejó caer en el manantial. Mimir, satisfecho con la ofrenda, llenó con agua el cuerno que usaba para beber y se lo dio a Odín, que desde entonces tuvo una memoria magnífica, cualidad que jugaría un papel muy importante en su intento de develar el misterio rúnico.

Yggdrasil y las nornas

Mimir no era el único ser al que acudían los dioses cuando buscaban guía. Las nornas, tres hermanas llamadas Urd, Verdandi y Skuld, también los asistían cuando tenían dudas, pues podían ver el pasado, el presente y el futuro, respectivamente, e influir en el destino.

Usando un lenguaje oculto tallaban mensajes en el tronco de Iggdrasil, el árbol sagrado, que luego se materializaban en los lugares a los que eran enviados. Odín estaba al tanto de este poder y lo deseaba, por lo que decidió ofrecerse en sacrificio para obtenerlo.

Les ordenó a los otros dioses que lo dejaran solo mientras completaba su rito iniciático, se hirió con una lanza y luego se colgó de una rama de Yggdrasil para observar largamente las aguas del manantial de Urdar, hogar de las nornas, sobre el que permanecería suspendido, ayunando durante nueve días y nueve noches.

Al terminar este periodo las esquivas figuras del futhark empezaron a dibujarse y a transmitirle, en una especie de trance, sus significados, sus sonidos, su saber.

Odín, aprovechando la memoria que había adquirido tras su encuentro con Mimir, grabó en su mente este conocimiento sagrado, que luego les pasaría a quienes acumularan méritos tan valiosos como los suyos.

Los hechos comprobables

El origen de las runas puede ser estudiado tomando elementos lingüísticos, arqueológicos e históricos, que además abren el paso para explorar los usos mágicos y adivinatorios que les daban los antiguos pueblos nórdicos. A continuación expongo la evolución del futhark, primero, y la estructura de los rituales mágicos, después, para lograr mayor calidad.

Lo que dicen las lenguas

Según los análisis filológicos, es decir los encargados de estudiar la evolución de los idiomas y de la literatura, la palabra rune, que sólo está presente en lenguas germanas y célticas, puede traducirse como ‘letra del alfabeto nórdico’. En cuanto a su nacimiento hay dos explicaciones posibles: 1) Sería el producto del sonido indo–europeo reu que significa ‘de susurro a rugido’ y estaría relacionado con cantos ceremoniales; 2) provendría de la expresión gwr–w–on, conectada con el dios griego Ouranus y con el dios índico Varuna, y su significado sería ‘dominar’.

A su vez la palabra futhark, usada para mencionar el alfabeto nórdico se construye uniendo los nombres de sus primeras seis letras (Fehu – Uruz – Thurisaz  – Ansuz – Raidho – Kenaz), acción posible desde el reinado de Valdemar el Conquistador (1201-1241) durante el que se creó un alfabeto rúnico oficial con equivalencias frente al alfabeto latino, pero este es sólo uno de los cambios que atravesó el futhark de 24 caracteres antes de transformarse en el modelo más aceptado y conocido.

Evolución del futhark

Las pruebas más antiguas relacionadas con el nacimiento de las runas fueron recopiladas al oeste de la península de Jutlandia (región compartida por Alemania y Dinamarca), en donde se encontró una inscripción grabada en un broche del siglo I d. C., sin embargo debido a que sólo tiene cuatro caracteres y a que se parecen a los usados por otras lenguas su origen sigue siendo incierto.

Las hipótesis más aceptadas señalan los siglos II y III d. C. como los más probables para el surgimiento del futhark, pero sea como fuere lo que sí está claro es que la versión más antigua tenía 24 caracteres. Se sabe también que las runas eran talladas en objetos portátiles como joyas y armas hechas de cuero, hueso, metal, madera y piedra; y en objetos fijos como bautas, es decir lápidas, situadas dentro de las tumbas, que a veces tenían incrustaciones de metal en sus inscripciones.

A finales del siglo VIII d. C. comienzan los asaltos vikingos en lo que hoy es Inglaterra y en otras zonas de Europa, misma época en la que aparece el futhark joven, un fenómeno cultural nacido en el sur de Noruega y en Suecia que, tras la influencia del inglés antiguo, resulta en un alfabeto de 16 caracteres.

El futhark joven pudo ser creado por conocedores del primigenio, que lo habrían aprendido a través de tradición oral, pues no se han encontrado textos creados específicamente para enseñar este lenguaje. Las palabras que se usan actualmente para identificar los signos antiguos son producto de análisis de sus formas y de comparaciones con otros idiomas, por lo que los nombres originales siguen siendo desconocidos.

El desarrollo más importante del futhark joven se dio en Dinamarca entre los siglos IX y XI d. C., que contribuyó al surgimiento de los idiomas sueco, islandés, noruego y danés. Con el tiempo el futhark dejó de ser la lengua principal en Escandinavia y pasó a tener usos limitados, por ejemplo en las inscripciones de los monumentos dedicados a los vikingos que morían en el extranjero, para enviar mensajes secretos (siglos XIII y XIV d. C.) escritos en piezas de madera, dejando atrás la tradición de talla con martillo y cincel.

En el siglo XIV d. C., cuando los escandinavos conocen el latín y sienten su fuerza se crea el Codex Runicus, un manuscrito en futhark que intentaba oponerse a la predominancia del idioma nuevo. Ya en el siglo XVIII d. C. se limita a servir de herramienta para hacer calendarios perpetuos y vive, como un fósil inmaterial, en el folclor sueco, pues en el mismo siglo se mezcla con el latín de modo irreversible.

Luego, en el siglo XIX d. C., durante los años previos a la primera guerra mundial, el alfabeto rúnico, así como otras expresiones ancestrales europeas, vería un renacer que se apagaría muy pronto tras la segunda guerra mundial. La utilización de símbolos rúnicos en los emblemas tanto de las Juventudes Hitlerianas como en los de las SS (fuerzas especiales) haría que el interés en este tema fuera visto con recelo.

 

emblema de las juventudes hitlerianas mostrando la runa tiwaz y tipografía rúnica

emblema de las ss

Las Juventudes Hitlerianas usaban la runa tiwaz en su emblema, mientras que las SS usaban dos sowilo.

La magia de las runas

El origen misterioso de las runas va de la mano con la realización de antiguos rituales mágicos que pretendían obtener protección, alejar presencias incómodas y maldecir a quienes irrespetaban a los muertos.

Los símbolos rúnicos eran usados para hacer inscripciones en lanzas de madera que, consagradas a Odín y sosteniendo la cabeza de un caballo sacrificado, hacían parte de una ceremonia para vencer o eliminar a los enemigos. En otras ocasiones las letras del futhark se grababan en las lápidas, situadas dentro de las sepulturas, para mantener la paz. Había encantamientos para evitar que los muertos salieran “a pasear” y para que volvieran a sus lechos, si se resistían a la quietud. Otras inscripciones amenazaban a los ladrones de tumbas con desgracias que se cumplirían incluso si quien las encontraba no sabía leer, ignorando a qué se enfrentaba. Había también hechizos para que magos inescrupulosos lo pensaran dos veces antes de intentar revivir un muerto para transformarlo en su esclavo.

Es muy probable que para cada uno de estos conjuros se usara un color distinto pues a pesar de que la imagen de caracteres rúnicos grises es muy popular, se sabe ya que eran coloreados con pigmentos azules, blancos, negros, marrones y rojos, cuando no lo hacían con sangre, debido a que los pueblos nórdicos creían que este color era el más poderoso de todos. Pero este era sólo uno de los elementos presentes en la estructura básica de cuatro pasos que le daba forma a sus ceremonias:

  1. El eruliano, como a veces se llamaba al hacedor de runas, adoptaba un aspecto divino, invocando la fuerza de Odín, después de lo cual podía bendecir el lugar donde estaba y el trabajo que haría: tallar las runas.
  2. Los grabados eran teñidos con alguno de los colores antes mencionados, paso que hacía más visible la inscripción, comparada con el fondo y que servía para separar las palabras del mensaje mágico.
  3. Terminada la fase de la creación de las runas se pasaba al componente sonoro del encantamiento, que podía ser muy complejo, ya que un símbolo representaba dos o tres sonidos distintos.
  4. El rito estaba completo cuando se destruían las runas, sobre por la acción del fuego, o cuando el objeto consagrado, en el que estaban grabados los caracteres, era llevado al lugar donde se necesitaba o donde su poder sería usado.

Esta estructura era el punto de partida para variaciones infinitas que daban como resultado siete tipos de hechizos:

  1. Mensajes en lenguaje natural: Fórmulas sonoras en las que la inscripción toma la magia del ritmo y de la cadencia de los encantamientos recitados en su presencia. Surtirían efecto incluso sobre quien ignora la lengua rúnica.
  2. Propios del futhark: Basados en la secuencia del alfabeto, estaban compuestos por filas de caracteres o por el futhark completo para representar espíritus, arquetipos o la idea de orden.
  3. Palabras mágicas: Secuencias de caracteres aparentemente azarosas o repetitivas, carentes de sentido e impronunciables, usadas como símbolo del caos. Se cree que palabras como luwatuwa, suhura-susi y suf-fus son excepciones, con pronunciación plausible y significado desconocido que harían parte de un lenguaje arcano que Odín sólo compartía con los erulianos más dedicados.
  4. Ideogramas: Reciben el nombre de Galdrastafir. Son símbolos trazados con caracteres rúnicos superpuesto de forma cuidadosa para crear códigos secretos que abren las vías de comunicación con los reinos invisible, por ejemplo el de los elementales. Su objetivo principal era potenciar la magia.
  5. Palabras simbólicas: Expresiones como alu (éxtasis psíquico), lathu (invocación), auja (buena suerte) y ota (terror) eran grabadas en objetos para impregnarlos con estas características.
  6. Exclusivos del hacedor de runas: En ellos en eruliano, investido con el poder divino, pronunciaba el encantamiento en primera persona para darle más fuerza, usando el aspecto de la deidad más afín con el trabajo mágico que estaba llevando a cabo (“Yo Odín, señor del conocimiento decreto…”).
  7. Patrones numéricos: Fórmulas que intercambiaban los caracteres del futhark por líneas simples, verticales para señalar las letras del alfabeto, pero que si eran usadas de un modo incorrecto podían causar consecuencias opuestas a las deseadas. Los principios de este tipo de encantamientos son, junto a su relación con la interpretación de sueños, el tema central de la sección siguiente.
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