Rompiendo tiempo y espacio

A partir de mi interés en el fenómeno onírico y, más recientemente, en los sueños lúcidos, recibí una invitación para participar en una meditación grupal que se llevaría a cabo en tres países distintos: México, Argentina y Colombia.

Si bien no siento una conexión fuerte con las prácticas chamánicas mesoamericanas el hecho de saber que están muy conectadas con el ensueño o sueño lúcido, me ha empujado a encarar mis prejuicios para intentar aprender de ellas. Así las cosas me dispuse a preparar todo para, en solitario, completar el ejercicio propuesto.

Después de leer las instrucciones que recibí de Gerardo Alcántara, de quien supe a través de mi amigo Gustavo Fernández, busqué el canto Hena me para familiarizarme con él. Lo primero que sentí al oír los primeros acordes es que no sería capaz de cantarla por el ridículo que me invade cuando hago cosas así, sin embargo decidí seguir adelante.

La noche señalada, poco antes de la hora acordada, apunté la letra del canto para poder seguir la letra, improvisé una mesa de bruja, apagué la luz, encendí la vela y seguí las demás instrucciones. Lo primero que me llamó la atención fue sentir esa “perturbación” típica del 24 de diciembre o del fin de año cuando en los noticieros muestran cómo se celebran esas fechas en otros lugares del mundo. A cierto nivel sentí la conexión con las personas que en ese momento se reunían en México y en Argentina. No estaba sola. En realidad nunca lo estoy. Lo siguiente que llamó mi atención fue sentir que el tiempo pasaba muy rápido. No soy la meditadora más experimentada, ni siquiera la más disciplinada, aunque mucho me gustaría, pero el tiempo que pasaba centrando mi atención en las acciones que debía completar fluía rápidamente.

Cuando debí concentrarme en la luz de la vela sentí estas palabras “recuperar lo perdido, recuperar/recordar lo olvidado”, luego vino la parte temida de cantar y dar 13 vueltas al círculo. Para mi sorpresa no sentí esa vergüenza que esperaba y para completar ni siquiera necesité leer completo el papel donde había apuntado la letra. Era como si la supiera de memoria y hubo más, sentí calor, la llama de la vela vibró, me divertí haciendo el ejercicio y creo que perdí la cuenta de las vueltas que debía dar, pero hice mi mejor esfuerzo. Como no tenía tambor para marcar el ritmo jugué con un envase de jabón vacío y ¡funcionó!. Luego tarareé la música del canto y cerré el círculo que había abierto con una invocación que creé hace meses para recordar sueños.

A la mañana siguiente presté atención a mis sueños. Recibí respuestas a ciertas dudas y comprobé que una par de molestias de salud que tenía habían desaparecido.

En este momento sigo trabajando con un grupo pequeño de soñadores a quienes contacté a través de la lista de correo de este blog para hacer prácticas como esta. Algunos de ellos han mostrado interés en seguir aprendiendo de este mundo por lo que en el futuro planeo avanzar primero yo para luego poder darles indicaciones y, de alguna manera, poderlos guiar.

Gracias Gerardo por la invitación.

Recreación de la mesa que utilicé para meditar.

Recreación de la mesa que utilicé para meditar.

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