Diccionarios de sueños: ¿herramientas de exploración o alimento para el fuego?

La consulta de diccionarios de sueños es como el sexo entre adolescentes, inevitable, por eso intentaré explicar cuál es el modo menos peor de acercarse a una herramienta que nos acompaña desde antes del nacimiento de Cristo, y que no da ninguna señal de querer desaparecer.
En un artículo que escribí hace casi dos años, conté cómo se hacen los diccionarios en general y los diccionarios de sueños en particular. Aquí, para no repetirme, sólo diré que los símbolos elegidos para conformar su contenido se basan en los que aparecen con más frecuencia en los sueños de las personas, a los que se les dan interpretaciones generales basadas en los significados que han tenido en culturas y épocas distintas.
Luego de haber averiguado de dónde salían creencias como aquella de que si sueñas que te casas es porque morirás, llegué a la conclusión de que me hacía falta responder otras preguntas. La primera de ellas es ¿qué tan acertados son los diccionarios de sueños? La mayoría de la gente que se inquieta tras tener un sueño “muy raro” no conoce a un intérprete de sueños ni mucho menos sabe cómo acercarse a sus viajes nocturnos, por eso no lo piensa dos veces antes de lanzarse a internet para encontrar la respuesta, pero ¿la encuentra? A veces, sólo a veces.
Después de digitar unas palabras, únicamente se presta atención a lo que el buscador de elección muestra en la primera página, un método perfecto para causar frustración y confusión entre curiosos que no se detienen a pensar que quizás están buscando lo que necesitan en el lugar equivocado. Aburridos afirman que “esas páginas no sirven para nada” o que “esos son cuentos de viejas y charlatanes”, pero ¿qué pasaría si buscaran en otro lugar?, en libros, por ejemplo.
Los diccionarios de sueños sólo dan respuestas parciales. Dan claves para comenzar un análisis, una reflexión personal que lleve a encontrar las respuestas deseadas, por eso quien se acerca a ellos creyendo que le resolverán todas sus dudas ya va mal encaminado. Y si para colmo sólo consulta lo que encuentra en la red, ya ni les cuento.
Una clave que he aprendido con el tiempo y con la práctica es que no siempre hay que acudir a los diccionarios de sueños. Si bien los hay muy buenos, y ya daré títulos puntuales, hay textos de semiótica, simbología y psicoanálisis imprescindibles para develar los misterios oníricos. Y cuando hablo de textos no me refiero a artículos sueltos en internet sino a libros.
Una de las razones por las cuales prefiero consultar un libro antes que una página en internet es porque hay alguien que lo respalda. Si se fijan en algunos de los sitios populares de interpretación de sueños verán que rara vez se puede rastrear al autor de tales contenidos. Son como grafitis en paredes virtuales que pueden ser obra de cualquiera. Los libros, en cambio, suelen estar firmados, se puede rastrear a su autor, su trayectoria, su experiencia y las fuentes de las que ha bebido para hacer afirmaciones propias. Yo, por ejemplo, de un libro que a primera vista me pareció poco serio y demasiado somero, rescaté el título de La interpretación de los sueños de Artemidoro de Efeso o de Daldis, libro que a su vez busqué y leí, una práctica que para mí es habitual, pero que rara vez tiene como punto de partida una página anónima. Sin embargo no todo se aprende en libros que hablan de sueños. He comprobado, en más de una ocasión, que las elecciones temáticas que me ayudan a entender mis viajes nocturnos son tan caprichosas como el mundo onírico.
En todas las culturas se encuentran visiones e interpretaciones valiosas que contribuyen a la comprensión de los sueños. De una forma u otra los diccionarios de significados y de símbolos se refieren a los arquetipos, a los modelos arcaicos universales, y por eso apelan a la generalidad. Para todos los pueblos el agua es valiosa y en prácticamente todos el incesto está mal visto. Basados en esas comunalidades los diccionarios que explican el origen y el significado de símbolos como el círculo, la cruz, el sol, la luna, los colores, etc., son una fuente legítima de información cuando se quiere interpretar un sueño. Aunque un autor diga que el maíz es símbolo de riqueza para unos pueblos y de fuerza vital en otros contextos, esta información servirá de base para reflexionar y averiguar cuál es el significado final de soñar con harina de este cereal.
El grado de profundidad con el que se define un símbolo varía de autor a autor, por lo que es tarea de cada quien elegir la fuente con la que más resuena. Y las alternativas son numerosas.
Basada en mis lecturas puedo decir que en mis diccionarios favoritos siempre encuentro pistas para seguirle el rastro a sueños repetitivos. La consulta de uno y de otro me muestra las raíces más antiguas de esos símbolos que veo y me señala los puntos más importantes. La tarea de acoger lo que me sirve y descartar lo que no, es mía, porque en los libros difícilmente encuentro interpretaciones directas. A veces al leer y releer percibo cómo algo hace eco en mí, cómo llama mi atención o genera rechazo, esas son las pistas. No siempre la respuesta mejor es la más bonita o la más agradable, a veces es la más incómoda, la que muestra lo que se está haciendo mal o lo que se está aplazando de un modo irresponsable. Cuando se comienza a entender el lenguaje de los sueños se comprueba que las pesadillas no siempre son necesarias para reconocer los errores. Una situación desagradable, un personaje poco querido o un objeto en mal estado se encargan de transmitir el mensaje con elegancia y precisión.
Para responder la pregunta que hice unos párrafos más atrás diré que los diccionarios, no sólo de sueños, son muy acertados y muy poco acertados. Muy acertados cuando se los usa como punto de partida para reconocer los detalles de las piezas que le dan forma a un rompecabezas, y terriblemente confusos cuando se pretende extraer de ellos respuestas exactas sin hacer el menor esfuerzo.
El mejor diccionario de sueños existe pero no está hecho, es una obra en construcción constante, es un trabajo personal, uno que admite ayuda y que demanda disciplina, lo sé porque la he asumido, porque la sigo llevando a cabo. Los métodos que uso para continuarla los dejo para el artículo que sigue. Creo que con lo que he dicho en este es suficiente para comenzar con ese proceso que ya he mencionado varias veces, el proceso de reflexión.
Anexo
En pocos minutos busqué algunos de los diccionarios que consulto con frecuencia. Los enlaces para descargarlos son los siguientes:
https://es.scribd.com/doc/151983511/ENCICLOPEDIA-DE-LOS-SIMBOLOS-Udo-Becker-PARTE-1
https://es.scribd.com/doc/151984453/ENCICLOPEDIA-DE-LOS-SIMBOLOS-Udo-Becker-PARTE-2
https://es.scribd.com/doc/151986317/ENCICLOPEDIA-DE-LOS-SIMBOLOS-Udo-Becker-PARTE-3
https://es.scribd.com/doc/185351646/Jean-Chevalier-a-a-Z-Diccionario-de-SIMBOLOS-PDF
https://es.scribd.com/doc/115209468/Cirlot-Juan-Eduardo-Diccionario-de-Simbolos
https://es.scribd.com/doc/175525532/Artemidoro-La-interpretacion-de-los-suenos-smallpdf-
com-pdf
https://es.scribd.com/doc/127059283/Salas-Emilio-El-Gran-Libro-De-Los-Suenos
http://data.nur.nu/Kutub/English/IbnSirin_dictionary_of_dreams.pdf
http://www.freeinfosociety.com/media/pdf/4755.pdf
https://es.scribd.com/doc/6398115/Jung-Carl-Gustav-El-Hombre-y-Sus-simbolos-Escaneado-
Completo-Por-Jcgp
https://es.scribd.com/doc/147235275/30968789-Secret-Language-of-Symbols-David-Fontana-pdf

 

Otro diccionario que suelo consultar es Dreamer’s Dictionary de Tom Corbett y Stearn Robinson. Tras leer en Amazon comentarios positivos acerca de él lo compré, por lo que no sé de dónde puede ser descargado gratuitamente.

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