Diario de la abundancia – Parte dos

Había vuelto de Europa. Había enfrentado el miedo, viajaba de nuevo, arriesgando mis finanzas y, de un modo insólito, no estaba en bancarrota. Ahora incluso vivía en otra ciudad, según se decía.

El haber elegido Cali y Vivenciar para dictar por primera vez mi curso de plantas y sueños tuvo varios efectos. Una amiga de una de las socias fundadoras de este centro holístico, que vive en Tunja, me pidió que fuera a dictarlo a su ciudad, además otras personas, que asumían yo vivía fuera de Bogotá, me sugerían que lo dictara acá, a lo que respondí con una charla que di en julio y que desencadenaría otros hechos.

Intentando aprovechar el público que asistiría a otra feria holística, programada para esa misma fecha, publiqué el evento en mi página de facebook. Expliqué que como pago recibiría plantas vivas, libretas bonitas y pan de aceitunas y orégano, productos que esperaba estuvieran a la venta ese día. Pero reinterpretando un poco el dicho de Dios y los planes, yo hice planes y la vida se rió de mí.

Aunque la feria que esperaba usar como carnada para atraer el interés hacia mi charla fue aplazada dos días antes, seguí adelante. No dejé que el miedo a quedarme hablando sola de plantas y sueños me paralizara. En 2012 el creer que no era capaz de convocar a nadie para hablar de lo que me apasiona me llevó a contactar a una dueña de negocio y a una persona con más seguidores que yo en twitter. Creí que así aseguraría algún público para hablar de interpretación de sueños, pero justamente eso, el miedo, bloqueó el flujo de energía en esa dirección. Si bien dicté más charlas después de esas, nunca logré que llegaran más de tres personas interesadas en saber de los temas que estudio.

Todavía no entiendo qué pasó. Intento entender cómo cambié la situación y en el fondo sé que no voy a descubrirlo con la cabeza. Sé que no voy a descubrir racionalmente el mecanismo que accioné porque fue algo más sutil, de corte emocional y de lo que, en principio, sólo se me permitió ver el resultado, porque en ese momento era lo que necesitaba.

El día que di mi primera charla al aire libre me desperté con el propósito que me acompaña cada vez que voy a compartir lo que sé. No importa si llega una persona o si llegan 15, yo me comporto como una rockstar. No me callo nada. Respondo todo lo que sé y lo que no, no me lo invento. Digo “no sé”, averiguo y cuando tengo una respuesta para dar, busco al preguntador y, si lo encuentro, se la doy. Lo hice así hace años cuando trabajé como profesora universitaria y lo sigo haciendo en cursos, talleres y charlas. Ese día no iba a ser diferente, al menos no en ese sentido.

A mi charla no llegaron tres gatos, llegó un perro y alrededor de 30 personas. Ese día algo que estaba ahí, esperando que alguien le diera voz, se hizo obvio: el maridaje entre plantas y sueños va bien, va muy bien. Prácticamente todos los asistentes se quedaron hasta el final y hubo más de un interesado en las lecturas de cartas Lenormand que había ofrecido informalmente en la descripción del evento, y eso no fue todo lo que ocurrió. Cuando hablé del mercado nocturno de hierbas aromáticas y medicinales los ojos se abrieron y la curiosidad grupal se despertó. Alguno alzó la voz para proponer que fuéramos allí. Yo, tomada por la impulsividad dije que sí, que estaba bien la idea pero que para eso era necesario un grupo de diez, doce personas para hacer de la visita algo seguro. El barrio en el que se encuentra esta plaza de mercado sufre el estigma de ser peligroso, sobre todo de noche, por lo que no suele ser una idea sensata llegar allí en grupos pequeños, mucho menos si deciden hacerlo a pie.

A los pocos días, con la alegría fresca y dejando uno de mis miedos a un lado, publiqué el evento del mejor modo posible: sin esperar nada. Entonces la energía, de nuevo, empezó a reacomodarse para sorprender.

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2 comentarios en “Diario de la abundancia – Parte dos

    • Sí, Bárbara. Me están pasando muchas cosas y eso me ha llevado a querer compartirlas. Abrazos para ti también. Gracias por la lectura.

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