Diario de la abundancia – Parte tres

¿Tú también vas a la plaza de mercado?

En la charla que di en julio surgió la idea de ir a la Plaza de Mercado Samper Mendoza, un lugar mágico y particular de Bogotá en el que, de noche, se comercializan plantas aromáticas y medicinales. Envalentonada por el espaldarazo que me había dado la vida, me apuré a organizar el evento.

Sin saber muy bien qué o cómo lo hice, la visita empezó a tener una difusión inesperada. Incluso una emisora de radio local me llamó para que hablara de ella. Supongo, porque en el momento no fui consciente, que otra vez estaba en la sintonía emocional adecuada y por eso muchas personas se antojaron de ir. Las cifras decían que más de 250 personas irían a la plaza, pero como una cosa es lo que dice la gente y otra muy diferente la que hace, sabía que no llegarían tantas. Por las dudas, evalué varias rutas antes de esa noche para decidir cuál sería la más corta y segura. La seguridad al final no fue un problema. Éramos alrededor de 70 personas felices como hippies entusiasmadas con una idea simple y sencilla: visitar un pedazo de campo dentro de la ciudad. Sin embargo como el trabajo de sintonizarse con lo que dice el corazón es algo para toda la vida, no todo siguió cuesta arriba.

Si bien ese día promocioné el primer taller que daría en Bogotá, repartí tarjetas improvisadas y me animé a pedir propinas por mi trabajo, a pesar de la vergüenza y del miedo al qué dirán, volví a ser presa de los demonios.

Caminar, escribir y leer

A veces parece que todo lo quiero resolver caminando, escribiendo y leyendo, y en parte por eso aquí estoy.

Después de ver a tantas personas interesadas en temas que me fascinan sentí miedo a no llenar las expectativas ajenas y a no ser capaz de inspirar de nuevo interés en mi trabajo. Sentí miedo pero en lugar de dejar que las dudas me apretaran otra vez, di el paso. Fijé otro objetivo aprovechando la energía acumulada.

Después de que le aclarara a Catalina, una yerbatera urbana, que no vivo en Cali, ella me planteó la idea de dar el curso de plantas y sueños aquí, a lo que dije sí de inmediato. Lo que seguía era elegir una fecha. Escogí un fin de semana que no estuviera seguido por un lunes festivo, publiqué el evento y dejé el lugar por confirmar. Confié en que todo se acomodaría sin que hiciera mucho esfuerzo y así fue. Aclaro acá que cuando “suelto” la controladora que hay en mí se frunce y mucho. Muchísimo. ADORO, A-DO-RO saber hasta el último detalle de lo que voy a hacer para tener una sensación falsa de seguridad, de que voy a poder resolver cualquier cosa que salga mal, pero como cada vez soy más consciente de que es una creencia falsa, de que es un cuento que me echo para sentirme menos vulnerable, solté y el Cosmos respondió.

Pregunté públicamente a las personas interesadas en mis eventos pasados si sabían de un sitio relativamente tranquilo donde pudiera dictar mi curso. Recibí alrededor de una decena de respuestas y envié mensajes preguntando más acerca de las alternativas. No pasé horas y horas tratando de averiguar cuál era la mejor y de todos modos di con el lugar perfecto, con el que quería, el espacio donde trabaja Victoria, una terapeuta de medicina tradicional china. La información de lo que enseño y del modo en que lo hago había llegado a ella a través de otra mujer que ya había visto mi trabajo. Ella, como si fuese mi representante, le “vendió” la idea a Victoria, que la compró de inmediato. Curiosamente todos los avances y preguntas que hice para intentar alquilar otros lugares no llegaron a buen puerto, sin embargo los hechos ya estaban acomodados para que yo no dejara de caminar.

De nuevo con la yerbatera

De Catalina ya me habían hablado antes. Alguien la mencionó en la visita a la plaza y también sabía de ella por un grupo de hierbas medicinales que hay en facebook. Aunque habíamos intercambiado varios mensajes no habíamos podido encontrarnos por nuestras ocupaciones, pero ella que dice de sí misma que es especialista en abrir ciclos y puertas las dejó así, abiertas y yo finalmente las encontré para entrar.

En nuestra primera reunión me habló de Sembrando Barrio, el proyecto en el que trabaja y de cómo yo podría apoyarlo compartiendo otros de mis saberes. Acabábamos de conocernos y ya estábamos tirando ideas para trabajar juntas.

Una de esas ideas fue hacer un taller acerca de cómo tener una relación sana con la plata. La planteamos en términos muy generales. Yo, que con el tiempo he aprendido a verme con el amor que sienten mis amigos por mí, supe que sí, que si siempre he encontrado el modo de conseguir lo que quiero, también podía dictar ese taller. Lo que no sabía ni sospechaba era la intensidad del movimiento que estaba a punto de generar.

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2 comentarios en “Diario de la abundancia – Parte tres

  1. Que emocionante, que padre sensación de soltar toda expectativa para que llegue lo inesperado, que “chido”

    • Sí, cuando lo haces no tienes ni idea de la magnitud con la que te responderá el Cosmos. De veras es MUY emocionante.

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