Diario de la abundancia – Parte cinco

Aprender para seguir aprendiendo

No me gustan los clichés porque siento que perpetúan paradigmas y esquemas mentales obsoletos. Por ejemplo en Colombia, donde vivo, todos los diciembres desde ve tú a saber hace cuántos años suena la canción que agradece al año porque le dejó un burro, una yegua y una buena suegra. Y si me equivoqué mencionando a los personajes qué bueno, porque eso quiere decir que ese esquema mental no me limita tanto.

Pienso que cuando usamos una y otra vez las mismas expresiones para referirnos a situaciones parecidas no nos hacemos un favor sino todo lo contrario. Hablar de x modo porque todos lo hacen, porque es cómodo o por miedo a encajar, sólo calcifica más formas de pensamiento –egrégoros– que en muchas ocasiones son muy dañinas, de ahí que me esfuerce conscientemente por cambiar las expresiones para, como consecuencia, cambiar creencias limitantes, algo íntimamente relacionado con mi curso.

Toda esta circunvolución acerca de los clichés es para hablar de uno de ellos: nadie aprende tanto como cuando enseña. Si quieren también pueden llamarle meme, una idea preestablecida y que de tanto ser repetida quienes la oyen, sin siquiera cuestionarla, toman por cierta. Sí, seguro que hay profesores tan seguros de lo que saben que ni por error revisarán su cátedra pero no es mi caso. En el momento en que alguien me dice “queremos que dictes un curso de este tema” yo empiezo a recopilar mentalmente las fuentes que revisaré para preparar lo que debo enseñar. Cuando Catalina me mencionó el tema yo me armé de libros, artículos, audios y videos de varios autores para sacar lo mejor de todo, para dar el curso que a mí me gustaría recibir.

Coqueteos intelectuales

En 2014 yo, otra vez, no estaba contenta con el trabajo que tenía. Trabajaba en una revista de arquitectura, diseño y decoración que parecía el trabajo de mis sueños. La dicha que sentí al comienzo de ese ciclo había sido efímera y superficial. Que me pagaran por escribir artículos cada vez más cortos y de temas que me tenían sin cuidado, no me hacía sentir afortunada, por eso cuando la directora de la publicación me dijo que lo nuestro no estaba resultando no me sorprendí y sentí alivio. La pregunta “¿ahora qué voy a hacer?” era inevitable y la abracé con ganas.

Me gusta decir que llego a las fuentes que necesito sola, pero esto no es cierto, al menos no del todo. En algún momento muerto, cuando creía que lo mío era dedicarme a ser administradora de redes sociales, o community manager, como le dice la gente cool, tragué tantos artículos como pude del tema. En uno de esos atracones encontré un informe anual que hacía o hace, ahora estoy desactualizada, Technorati acerca del estado de la blogósfera, es decir acerca de lo que se hace con los blogs, especialmente en inglés. Así llegué a una red social para profesionales jóvenes – Brazen Careerist—que a su vez me llevó a The Unlost, el blog de una chica estadounidense a quien recuerdo porque en algún punto de su búsqueda dijo algo así como que cuando renunció a un trabajo sintió que si le hubiesen ofrecido quedarse porque iban a pagarle un millón de dólares de todos modos habría renunciado, porque tenía la certeza de que estar ahí no era lo que quería hacer. Esa mujer tiene unos momentos de luz excepcional, además cita sus fuentes, detalle harto interesante para mí.

Sintiéndome no-perdida, que sería mi traducción de “unlost”, porque al menos sabía lo que no quería, que no equivale a saber lo que se quiere, pero a eso llegaré luego, me propuse leer todas las entradas de su blog para sentirme todavía menos perdida. Estuve haciendo este ejercicio durante varios días hasta que encontré eso que buscaba pero que no sabía que buscaba: The purpose of your life de Carol Adrienne, un libro que llevo más de dos años leyendo y que retomé para preparar mi curso acerca de la abundancia.

El libro de Adrienne no es difícil en sí, tampoco se trata de que me demore más porque, ya que puedo, lo estoy leyendo en inglés. El libro es lento de leer si te lo tomas en serio, justo como lo he hecho yo. Es un manual mezclado con historias de personas que sienten que han hallado su camino. La autora escribe muy bien y además es sincera. Cuenta cómo se equivocó al interpretar sincronicidades, describe sus miedos y hasta sus enfermedades lo que, a mis ojos, le da más credibilidad. Los ejercicios, aunque parecen sencillos son poderosos, por eso quiero incluirlos o versiones similares en este curso que estoy por dictar. Y cuando digo que los ejercicios son poderosos es porque los he practicado y no me han dejado igual. Completarlos me ha obligado a cuestionarme, a descubrir mis motivaciones ulteriores y a confrontar a mi sombra, a reconocerla no sólo como mi talanquera principal sino también como una de mis fuerzas mayores.

Está clarísimo, al menos para mí, que hasta aquí no llegué sola. El hecho de que haya encontrado estos materiales por mi cuenta no significa que todo sea mérito mío. Las personas que hicieron el estudio en Technorati, las que administran o administraban Brazen Careerist y Therese Schwenkler, autora de The Unlost fueron señales que seguí para llegar a este punto.

Autores y más autores

Entre quienes me conocen es más o menos sabido que cuando limpio mi casa oigo radio, podcasts para ser más precisa. La costumbre comenzó en otro viaje y en otro momento difícil. Quería quedarme a vivir en Uruguay pero las circunstancias no eran propicias. Acababa de visitar Piriápolis, ciudad alquímica, y obnubilada por ese lugar, quería saber más de él.

Busqué algo en internet y lo que salió fue un podcast de, mi ahora amigo, Gustavo Fernández. Su lenguaje vintage y su rigurosidad investigativa eran lo mío. Lo empecé a oír en 2011 y no dejé de hacerlo. Ivoox, la plataforma en la que encontré sus audios se transformó en una de mis fuentes favoritas de información. Por ahí y por sus recomendaciones encontré otras joyas en español de la mano de Milenio 3, pero para no irme de tema diré que allí mismo, en Ivoox encontré a Joan Antoni Melé, un conferencista y banquero español. Una de sus conferencias acerca de la prosperidad y la responsabilidad social resonó en mi cabeza mientras hablaba con Catalina. Quería incluir algunos de sus pensamientos en el material que estaba preparando, así como algunos del curso de energotonía de Gustavo Fernández, por eso empecé a revisar este material, a releerlo junto al de Carol Adrienne y otros más de Brené Brown. Ya estaba armada y me sentía muy satisfecha. Tenía todo lo que necesitaba para repasar mis conocimientos, para adquirir otros y honrar así el voto de confianza que me habían dado, pero todavía no habían llegado los dolores y para dar ese curso de abundancia desde el corazón y no sólo desde la razón fría eso hacía falta.

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Parte del material de Joan Antoni Melé que he consultado es:

Dinero y consciencia

Libertad sin miedo

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