Diario de la abundancia – Parte seis

El tiempo, creía yo, se estaba acabando y tenía por delante muchísimo material sin leer y sin analizar antes de dar el curso de prosperidad, ese que en un primer momento llamé Cartera llena, corazón contento.

En lugar de dejarme pasmar por todo lo que me quedaba por hacer, agarré lápiz y papel y comencé a garabatear una estructura que me sirviera de guía para darle orden al contenido. En los ratos que no podía estar al frente del computador hacía sonar conferencias que me parecían útiles para el curso, ya fuera desde Ivoox o desde Youtube.

Tengo claro cómo llegué a Enric Corbera. Tampoco lo hice sola. Mi mamá, que lo descubrió por las sugerencias de Youtube, me habló de él, por lo que en algún momento vi uno de sus videos para darme una idea de cómo era, luego, como muchas otras cosas, lo dejé de lado.

Un día, otra vez mi mamá, vio un video en el que una mujer hablaba de una fórmula, mágica en apariencia, para resolver todos los problemas en una noche y, obviamente me lo mandó. Lo vi y cuando mencionó al físico francés Garnier-Malet, fui a buscarlo. Como en el caso del blog The Unlost la sugerencia me sirvió para llegar a lo que realmente me interesaba. Al principio no entendía nada de nada. La entrevista que le habían hecho a Garnier-Malet en una radio argentina tuve que oírla al menos dos veces para no sentirme en una clase de chino avanzado. Perdida todavía busqué otros videos para salir de dudas y así di con una clase magistral del tema impartida por Enric Corbera. Al final me pareció un tipo competente, por lo que en el futuro volvería a buscar los videos del catalán.

Manos y mente a la obra

Como parte de los preparativos del curso de abundancia que iba a dar había vuelto a apuntar uno a uno mis gastos para ser más consciente de mi relación con la plata, craso error. El estar tan enfocada en las facturas y en los recibos estaba haciendo que mis bolsillos se desocuparan más rápido que antes. No me di cuenta de inmediato pero sí antes de que fuera demasiado vergonzoso. Ese fin de semana, el último de agosto para ser más precisa, me propuse hacer magia. Dejé de lado lo que estaba haciendo y comencé a ejecutar las acciones que siempre me han ayudado a mover energía estancada.

Desde el día anterior venía pensando en que, sin falta, cada vez que me dedico a un proyecto personal que me importa mucho, alguien me llama para ofrecerme trabajo. Un poco ya había ocurrido pero no del modo decisivo que esperaba, lo que en últimas era un reflejo de lo que estaba pasando en mi interior.

Dispersa en varios archivos está una novela y un manual de interpretación de sueños en los que trabajo desde hace años. Sabiendo, por sueños insistentes, que debo cerrar esos ciclos, que debo escribir el desenlace de situaciones y personajes revisé por enésima vez los archivos y retomé la escritura. Los cambios vinieron de inmediato. Algunas personas desconocidas me llamaron para consultar las cartas Lenormand, para que las acompañara en sus análisis oníricos y así, pero todavía no pasaba nada más porque yo no había organizado más mi energía.

El producto de estas reflexiones fue la decisión firme de arreglar la cocina de mi casa. Llevaba varios días viendo el estado lamentable en el que estaba, otro reflejo de mi situación interior. Al analizar sueños la cocina representa, a grandes rasgos, el trabajo, el área productiva de un individuo, por lo que si necesitas manifestar los medios para seguir viviendo lo primero que debes hacer es poner en orden esa parte de tu casa y, por reflejo, de tu vida. Ese domingo tiré el reciclaje y lavé el escurridor de platos, tareas que me inspiraban una pereza atroz pero que sabía eran necesarias para que todo fluyera. De fondo seguía sonando Enric Corbera y yo seguía sacando mugre, pero no sólo material.

En cierto punto recordé un mapa de los sueños que había hecho hace años. Quería quemarlo para darle al Cosmos el mensaje de que me interesaba cerrar un capítulo de mi pasado, abrir las puertas al presente y prepararme para el futuro. Revoleé cosas en cajones y no encontré lo que buscaba sino lo que necesitaba. Me topé con un papel con la letra manuscrita de un ex novio. La pregunta fue inmediata ¿para qué carajos estoy guardando esto? El tipo en cuestión no sólo dejó de ser importante para mí sino que está casado. Por donde mirara el papel no tenía nada que hacer en mis pertenencias. Alisté mi caldero, quemé el papel y cuando terminé tiré las cenizas por el sanitario. A continuación encendí una flor de salvia y me concentré en su ardor. El humo me embriagó. Con él di una vuelta entera por mi casa, asegurándome, con la consciencia más que con los movimientos, de que su esencia llegara a todos los rincones. Y seguí limpiando la cocina. Ese día no terminé la tarea que me propuse pero al menos supe qué tenía que hacer.

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