Diario de la abundancia – Parte siete

Mi casa olía a salvia, la cocina ya era un lugar menos asqueroso y yo empezaba a ver las consecuencias de lo que había hecho.

La primera noche después de escuchar la primera clase del curso de milagros vi cambios: tuve sueños caóticos y de batallas. La interpretación que les di es que mis esquemas mentales viejos, esos que me han hecho creer que me va tan bien como me puede ir, estaban siendo zarandeados, movimiento que no me tomó por sorpresa. Avisaban que esos intentos vanos y de chispa corta que había hecho en el pasado no eran suficientes, que para lograr los cambios permanentes que deseo me hacía falta comprometerme y soltar cuerdas que me daban seguridad falsa, por lo que seguí adentrándome en lo desconocido, aunque dolía.

Nadie te dice que los procesos de cambios radicales son fáciles porque no lo son. En algún punto prueban tus fuerzas y tu resistencia, obligándote a elegir si quieres seguir en la cajita cómoda que conoces o si quieres salir a explorar los alrededores sin la compañía de tu mantita protectora. Yo me atreví a hacer lo segundo y en ese punto necesitaba algo para cubrirme, un fuego tibio que me animara a seguir adelante. Como en otras ocasiones lo encontré en la meditación.

El dolor que sentía venía del miedo, de creer que estoy separada de mis metas y que por eso están muy lejos de mí, cuando lo cierto es que esa creencia, la de la separación es sólo una ilusión, un espejismo tan real y tan palpable que puede limitarte de un modo poderoso. Viendo las cosas de este modo entendí que mi meditación tenía que conectarme con el amor pues a menos que lo sientas visceralmente, del mismo modo que estás sintiendo el miedo, no lograrás cambiar la sintonía desde la que te estás aproximando a una situación. Hay varios ejercicios para lograrlo, el que usé lo descubrí en The purpose of your life y es simple. Me senté con la espalda recta, respiré profundamente durante unos minutos y luego me dejé llevar por recuerdos que tengo de tiempos felices, de cuando me he sentido invencible como superheroína y no tardé en sentirme mucho mejor. Mi objetivo no era idealizar el pasado pues si lo hiciera así caería en otra trampa, lo que buscaba era reconectarme con la alegría voy a volver a experimentar sí o sí. Mi objetivo al hacer esta meditación era intensificar la certeza de que la felicidad que conozco se repetirá.

Sé que el ejercicio funcionó porque me dejó con una molestia leve en los senos paranasales que asocio con desbloqueos emocionales. Por esos días ni siquiera había llovido como para achacarle la rinitis al clima. Traté mi malestar poniendo amatistas sobre mi chakra ajna y en pocos días estaba más que bien, lista para la siguiente ronda.

El siguiente paso era volver a flotar.

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