Diario de la abundancia – Parte ocho

Crisis = Oportunidad

Las crisis son oportunidades, oportunidades para, por ejemplo, aumentar tu creatividad. Cuando tu alacena no tiene muchos ingredientes tienes la oportunidad de improvisar, probar y ensayar recetas insólitas y algo parecido pasa cuando tienes talento que todavía no se ha convertido en efectivo, y precisamente así, con talento, pagué mi segunda sesión en un tanque de aislamiento sensorial.

Después de mi primera experiencia de este tipo en Austria, quise saber si había algún centro de flotación en Bogotá, pues estaba segura de que quería repetirla. Buscando encontré Gravedad Cero y en poco tiempo estaba hablando con uno de los dueños, ahora amigo mío. En nuestra primera reunión acordamos que yo escribiría algunos artículos para el blog de su empresa y que me los pagaría con sesiones de flotación, acuerdo que honramos y que me ayudó a entender mejor la importancia de soltar.

El valor de la palabra

El pago que había dado por esa sesión había sido la traducción de un video en el que Joe Rogan, un comediante estadounidense y usuario frecuente de este artefacto, describía su experiencia. Rogan hacía mucho énfasis en el dejarse llevar, en que para aprovechar al máximo ese entorno es necesario soltarse, dejarse ir, algo que no te sale a la primera. Cuando traducía el video sentía que hablaba desde la experiencia y no desde comentarios ajenos. La segunda vez que floté pude corroborar lo que decía este comediante.

Estar ahí, en oscuridad total, en silencio igual, muy consciente de tu ser, propicia la ocurrencia de varios fenómenos, sin embargo el que más me llamó la atención en ese momento fue el miedo a desaparecer. Por ratos, si estás relajado y quieto, los límites de tu cuerpo físico se desdibujan y sientes la necesidad imperiosa de sacudirte para corroborar que el agua está ahí, para recordar que existes. La pérdida de la confianza en el entorno se siente como un tirón interno, como cuando estás a punto de caer al vacío y una cuerda detiene el movimiento descendente. Paradójicamente si te mueves, si te resistes a soltarte pierdes el estado de unión con el entorno. Yo, en efecto, lo perdí en más de una ocasión, pero no lo veo como un fracaso.

Ese día, en mi camino al centro de flotación, oí la conversación de una mujer mintiéndole a su jefe acerca de en dónde iba. Me pregunté si no sería más fácil decir la verdad y cuánto tiempo sostendría esa situación a base de palabras falsas. Alejé mi cabeza de esa conversación y traté de enfocarme en algo más, pero no importaba, esa energía de dolor, de engaño ya me había tocado y estando dentro del tanque comprendí mejor los estragos de las mentiras. Uno de los valores más importantes que tenemos es la palabra. La palabra no sólo es una herramienta para intercambiar energías sino que refleja el pensamiento. La palabra es mayor, por eso, cuando la damos en vano, nos damos en vano, declaramos que no valemos o que valemos poco, que no se puede confiar en nosotros, lo que a su vez refleja lo poco que confiamos en nosotros mismos. Mentir es una negación de la abundancia que nos rodea, de aquello que nos pertenece.

En medio de la oscuridad y del silencio de ese tanque sentí la verdad de la verdad. Cada vez que mientes por temor a recibir una consecuencia negativa sólo alargas tu condena autoimpuesta, en parte por eso, para sentir que soy más libre cada vez, es que doy saltos de fe, así muchas veces olvide que la red de protección invisible siempre está ahí para sostenerme, por fortuna, como iba a comprobarlo de nuevo, el Cosmos también está siempre listo para enviarte recordatorios de que tomar riesgos vale la pena.

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