Diario de la abundancia – Final

La cadena de sincronicidades me había dado la sensación de que era invencible, pero en el camino venían acontecimientos que me mostrarían para qué había recibido esa fuerza.

No sé cuándo comencé a apoyar la iniciativa de un familiar para hacer nuestro árbol genealógico. Mi deseo de conocer esa información surgió de la lectura de libros de Alejandro Jodorowsky y me lo revolvió la autobiografía de Jung. Comencé a acariciar esa iniciativa sospechando con la mente, pero no con el corazón, que en cualquier momento se iba a transformar en una bestia furiosa a la que tendría que enfrentar en el momento menos pensado, momento que llegó hace poco.

Por historias cercanas, que maquillaba con exceso para hacerlas menos espantosas, batallo con la idea de romper relaciones establecidas para comenzar romances nuevos. No importa si el matrimonio en el que se irrumpe está a punto de desbarrancarse o si el intruso se está metiendo entre dos personas que están predestinadas a estar juntas hasta que la rutina las separe. En mi modelo sesgado del mundo ser el otro o la otra todavía tiene mucho de aborrecible.

El bien y el mal son categorías morales que nos hacen la vida de a cuadritos y que nos llevan a hacernos preguntas como: si es cierto que Lewis Carroll era pedófilo, ¿deberíamos hacer hogueras en todo el mundo para quemar todos los libros que escribió? Si una especie en vías de extinción se alimenta de otra ídem ¿a cuál protegemos primero? Si un nazi fue un empleado estrella en una cámara de gas pero luego es un abuelito y vecino ejemplar ¿qué viene siendo?, ¿un criminal maldito o un desgraciado redimido? Las preguntas no son fáciles y las respuestas tampoco, por eso me costó tanto trabajo admitir que los amantes, los terceros en relaciones que se supone deben ser de dos, no son malos, son simplemente personas que eligen que eso es lo que quieren vivir. Decirlo en voz alta mientras me miraba al espejo no sólo me produjo una risa nerviosa sino que me lavó la mirada, tampoco hasta el punto de querer ser la amante de alguien para vivir la situación por dentro, pero sí me ayudó a entender algunas de mis reacciones y el modo en que ese prejuicio me había hecho víctima de motivaciones ajenas. El asunto fue tan sorpresivo y tan catalizador para mi círculo inmediato que respuestas que esperaba aparecieron sin que las buscara conscientemente. Un par de amigos se sorprendió al saber que una mujer con un aire de independencia y con tanto dominio de sí misma, como yo, se dejara llevar por prejuicios salidos del siglo antepasado, pero así fue.

Entre más hurgo, no sólo en mi inconsciente sino en el árbol familiar, más me doy cuenta de que lo que considero bueno y malo depende muchísimo de la mentalidad de mis padres, de mis abuelos, de mis bisabuelos y hasta de mis tatarabuelos, aunque ignore hasta sus nombres. Creía que porque están muertos y enterrados estaba a salvo de la influencia de sus vidas, cuando lo cierto es que sus experiencias formaron las de mis antepasados más recientes y por consecuencia las mías.

Este tipo de exploraciones no las hago con el dedo acusador listo para apuntar al exterior, las hago para, como dice el adagio popular, no repetir la historia que desconozco, para no hacer eso que no quiso hacer mi tía, mi abuela o mi hermana pero que de todos modos hizo a la edad que tengo ahora, eso que cambió para siempre el resto de su camino. No recomiendo a nadie hacer exploraciones de este tipo sino hasta sentirse preparado para las embestidas, porque los esqueletos que salen del clóset son todo menos elegantes y bien vestidos. Los duelos llegan puntuales para que despidas la visión del mundo que tenías hasta ese momento. Duele sí, pero es necesario, duele y no tiene marcha atrás porque una vez conoces la realidad, porque una vez escuchas el horror de las historias de los tuyos el horror se hace tuyo, pero lo hace para liberarte, para abrirte la puerta a las posibilidades infinitas, esas a las que no tenías acceso porque estabas amordazado con ignorancia y con silencio. La buena noticia, sin embargo, es que una vez abrazas a tus demonios y renuncias a ver el mundo a blanco y negro ocurren hechos que pensabas nunca verías con tus propios ojos.

Cuidado con el rayo láser

La capacidad de manifestar en el mundo físico lo que está en el plano de los deseos, usando como combustible la emoción intensa es tan poderosa como un rayo láser. Del hecho se hace mención en el Curso de autodefensa psíquica de Gustavo Fernández y en The purpose of your life de Carol Adrienne. Lo que pocos te dicen es que la emoción enfocada es una herramienta poderosísima que se activa en cualquier momento.

Ya estaba advertida yo. Ya había visto pruebas suficientes de que los cambios que estoy haciendo en mi vida son profundos y por lo tanto me decía “prepárate porque te vas a sorprender, porque cualquier cosa puede pasar”, pero una cosa es que te lo digas en tus conversaciones mentales y otra muy distinta verlas materializadas en la sala de tu casa un domingo en la tarde.

Un día de pensamientos desordenados se me ocurrió llamar a O. Muchas veces quisimos vernos de nuevo pero todo se oponía. Esa tarde con la mente calma le envié un mensaje sin esperar respuesta, pero respondió y en medio de una conversación larga terminamos haciendo una cita para el día siguiente. Yo tenía dudas pero seguí adelante, de veras me apetecía verle de nuevo después de tanto tiempo. Hicimos confesiones, nos miramos a los ojos, jugamos a ser espejos mutuos, casi literalmente, y nos prometimos no dejar pasar tanto tiempo hasta el próximo encuentro. Esa noche dormí regular y al día siguiente, para las 8 de la noche ya sabía qué tenía que hacer y lo hice. No consulté mi decisión con nadie porque entendí que si lo hacía ese alguien opinaría con base en sus deseos y en sus miedos, y yo ya tenía bastante de ambos como para agregar más a la fórmula. No sé cuáles serán las consecuencias futuras de mis actos pero el haberme hecho responsable de ellos me sirvió para encontrar la claridad que buscaba.

Soltar las costumbres viejas

Dejar de comportarte como siempre da miedo, un miedo putísimo, pero es necesario. Ese paso tienes que darlo en algún momento si quieres dejar vicios, sobre todo mentales, para vivir de un modo más feliz. El camino no es fácil, en parte porque lo primero que hace falta es aceptar tu responsabilidad en el estado de las cosas que te rodean. Para lograr un cambio verdadero necesitas dar varios pasos, uno detrás de otro, sobre todo después de caerte, seguir andando hasta que comienzas a vislumbrar el cambio deseado. No sirve de nada que sigas culpando a los demás y creando excusas para no actuar, para inspirar lástima, porque cuando lo haces el único lastimado eres tú.

No sé hasta dónde me va a llevar esta racha angelico-psicomágica o hasta cuándo me va a durar esta valentía de cambiar incluso cuando no sé qué opción es mejor que otra. De momento sólo sé que cuando decidimos aceptar la capacidad infinita que tenemos para enfocarnos y manifestar cualquier resultado la vida despierta se parece cada vez más a una película de ciencia ficción. ¿Matrix quizás? Por las dudas voy a volver a ver toda la trilogía mientras empiezo la otra tarea que me propuse mientras escribía este diario: recapitular los acontecimientos de mi vida que me llevaron a convertirme en una guardiana de sueños, pero eso será en otro de mis blogs.

Adenda

Algunos de los contenidos de Enric Corbera a los que me expuse mientras preparaba mi curso Vida llena, corazón contento fueron:

La abundancia y la espiritualidad van de la mano

Parte 2

Parte 3

Parte 4

Creencias conscientes: El camino a la libertad emocional

 

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