El billete mágico

Quizás lo primero en lo que piensas al leer estas dos palabras es en un objeto similar a la lámpara mágica de Aladino, un billete que siempre que se usa vuelve, de forma inexplicable, a la billetera de su dueño, sin embargo cuando escribo “billete mágico” me refiero a un concepto distinto.

Dicen que viajar hiere de muerte los prejuicios, y justamente esa actividad, viajar, me ha ayudado a entender un dicho de una amiga: “los billetes no son más que papelitos”.

En épocas de traslados frecuentes, que incluyen cruzar fronteras una y otra vez, he observado cómo la atención que le presto a la plata cambia radicalmente. El saldo que tengo en el banco deja de ser un número autorreferencial y pasa a ser un concepto relativo en la medida en la que los bits se transforman en billetes. No se trata de que olvide las horas y el esfuerzo que tuve que dedicar para ganarlo, sino que el verlo representado en moneda de países distintos le resta importancia a esos pedazos de papel.

Los billetes y las monedas son la parte material de acuerdos inmateriales. Alquilas tu fuerza de trabajo, mental o física, para que un patrón te remunere. Ofreces un producto o un servicio que es adquirido o contratado por un cliente que paga por tener acceso a el. Sin importar cuál sea el acuerdo al que llegas con esa otra parte, das esperando recibir algo a cambio. La recompensa puede darse a través de un trueque, de un cheque, de un fajo de billetes o de una transferencia bancaria pero aunque unos son más palpables que otros, todos son símbolos de una recompensa. El valor del dinero es, por lo tanto simbólico, y una vez comprendes este concepto puedes pasar a jugar con el.

Un acto psicomágico

Como todas las personas que habitan este planeta he tenido épocas de sequía y épocas de humedad, es decir temporadas de vacas flacas y temporadas de vacas gordas. Con el tiempo he aprendido a ver estos momentos como lo que son: ritmos de un ciclo y no como sinónimos de tragedia y resurrección. Cuando la confianza me falta y necesito ayuda para salir del fondo al que me he permitido llegar practico actos simbólicos que llevan mi energía a niveles más positivos y elevados. Uno de esos actos es falsificar billetes.

Las copias que hago son infantiles comparadas con las que hacen los falsificadores profesionales, pero como mi objetivo no es burlar autoridades sino sintonizar mi consciencia con la vibración adecuada, la perfección es la última de mis preocupaciones.

Los primeros que hice no fueron más que tiras de papel, coloreadas de verde, con cantidades inverosímiles escritas en ellas. La elección del color no fue al azar. El dinero, como lo veo, es la sangre del mundo, un reflejo material del amor universal, íntimamente relacionado con el chakra anahata o del corazón. Al terminar los puse en una taza de cristal en la que tengo monedas de varios países y otras locales que están fuera de circulación. Este acto me sirvió, y me sigue sirviendo, para recordar que esos papelitos y esos pedacitos de metal son un medio, no un fin.

Billetes con más sofisticación

Esos billetes y lo que he aprendido acerca del mapa de los sueños me llevaron a crear uno de los ejercicios que hice con las asistentes a mi curso Vida llena, corazón contento. En ese espacio les pedí que diseñaran un billete mágico que representara el camino hacia la meta futura y la meta cumplida para, al terminar, llevarlo en la billetera.

Este objeto no sólo es útil para recordar aquello que se desea sino para reconectar con el concepto de dinero como clave de acceso a otras realidades. Al ver la plata sólo como una herramienta y no como un fin último se evita caer en la obsesión, se evita creer que es la causa de todos los males o que tenerlo equivale a ser feliz.

Diseñar un billete que incluye símbolos de los objetivos que quieres alcanzar con el (el yate que te llevará al Mar Mediterráneo y el Mar Mediterráneo, el amigo diplomático que te presentará a tu príncipe y tu príncipe, etc.) te recuerda permanentemente que tus esfuerzos están dirigidos a una meta que está más allá de las cifras y de los signos $, € o £ y que, por lo tanto no depende sólo de la organización de tus finanzas.

Tener una idea medianamente clara acerca de dónde saldrá la plata para pagar tal carro o tal viaje está bien, pero al abordar tu deseo sólo de ese modo corres el riesgo de soslayar e incluso de bloquear la llegada de favores o ayudas inesperadas. Cuando le pides al Cosmos, a la vida, al Universo, a Las Chicas Superpoderosas o a Bob Esponja (o a lo que sea en lo que creas) que conceda tu deseo siguiendo tu plan detallado actúas, sin saberlo, de un modo soberbio, porque muchas veces cuando te convences de que el plan A es mejor que el B, ignoras que el B puede llevarte de un modo más rápido y directo a tu meta y que además contribuye a un Bien Mayor. Este concepto aplicado a un ejemplo se vería más o menos así:

Supongamos que mi objetivo es viajar, así en infinitivo y sin mayores especificaciones. Por un lado podría matarme la cabeza sacando cuentas de todo lo que necesito ahorrar y cuánto tiempo me tomará alcanzar esa cifra, por otro podría ahorrar con tranquilidad, sabiendo que mi objetivo ya existe, al tiempo que mantengo orejas y ojos bien abiertos para detectar oportunidades que me lleven a otro lugar sin gastar un peso o por lo menos no todos mis ahorros. Si en mi camino se cruza un cartel que anuncia un concurso cuyo premio es un viaje a Praga puedo entrar en el para intentar ganarlo, del mismo modo si sé de unos amigos que están buscando voluntarios para ayudarles a cargar su equipo técnico en un viaje por carretera por Sudamérica puedo hablar con ellos para unirme a su travesía, lo que me sacará de la ciudad sin necesidad de que deje mi cuenta en cero.

La primera y la última imagen del día

Otra técnica que ayuda a activar las imágenes del billete mágico consiste en ponerlo en la mesa de luz/noche para que sea lo primero que veas al despertar y lo último antes de dormir. Decirlo es fácil y olvidarlo también. Yo he adquirido el hábito a fuerza de recordar sueños y de ser consciente del momento en el que despierto, no sólo para entregarle cada uno de mis días a la Divinidad sino también para enfocar mi atención en un pensamiento específico en lugar de una tontería al azar.

Escuchas muchas veces que la mente es poderosa pero pocas veces haces experimentos con la disciplina suficiente para comprobarlo. Yo me he dado cuenta de que el primer pensamiento del día y el último de la noche son muy poderosos. El primero marca el tono, el mood con el que se vive cada jornada y el segundo el contenido de los sueños. Y como no espero que creas todo lo que escribo te propongo este experimento.

Elige una canción o un tema musical que te guste, guárdalo en tu teléfono y en la mañana, antes de salir de la cama escúchala. Luego pon una alarma a mediodía para que te recuerde pensar en “música”, así, en general. Estoy casi segura de que la canción que recordarás será la misma que elegiste para empezar tu día y subo la apuesta, la alarma será innecesaria porque un fragmento de ella habrá sonado en tu cabeza varias veces antes de ese momento. Con las imágenes pasa lo mismo, entre más las observas más energía pones en ellas.

Mi última recomendación para trabajar con billetes mágicos o mapas de los sueños es que los mantengas en un lugar privado pues tus metas, como un feto en formación, son frágiles y están mejor en un lugar íntimo y protegido de influencias opositoras. Esta práctica te servirá para cultivar la certeza, el poder y la capacidad de manifestación de las que a veces dudamos por andar consultándolo todo con todo el mundo.

Si quieres saber más de mi curso Vida llena, corazón contento escríbeme a elsuenosignificado[at]gmail[punto]com.

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