Diario de la abundancia – Once

De unas semanas para acá he estado envuelta en hechos de abundancia que me han alegrado la vida y, aunque no los busqué con mucha consciencia, empiezo a entender cómo llegaron a mi camino.

Hace meses empecé a escribir esta serie de artículos al tiempo que me familiarizaba con el mundo de la canalización espiritual, así, entre la abundancia y la capacidad de acceder a realidades paralelas a esta, comprobé otra vez que la magia no es sólo juntar ingredientes y herramientas para seguir al pie de la letra un ritual. Más importante que toda la parafernalia mágica es la sintonía, que corazón y mente estén en pos de un mismo objetivo que luego se materializará a través de la acción. No sirve de nada tener velas de primera y yerbas orgánicas para diseñar tu ritual, si tu intención no es clara o te falta fe todo se irá al traste.

Rechazo inconsciente de la abundancia

No sé bien qué acababa de ver o de escuchar. Sé sí que estaba en la habitación de invitados de mi casa. Estaba sentada sobre la cama con la mirada en algún punto entre el techo y el clóset, cuando de repente la claridad me abrazó. Crecí en Bogotá en la década de los 80s, en el centro de la ciudad para ser más exacta y esta experiencia me enseñó de un modo doloroso que si llevas puestas joyas de oro puedes convertirte en objetivo de los ladrones y yo, siendo niña pequeña, no fui la excepción.

Recuerdo que iba de la mano de uno de mis abuelos cuando un hombre me arrancó desde atrás y con movimientos veloces, las candongas / aros de oro que llevaba puestas. No grité, no lloré y me aguanté el ardor que sentí en las orejas después del hecho. Cuando llegué a casa mis familiares se dieron cuenta de la pérdida pero hizo más eco el estoicismo con el que atravesé ese hecho que la falta material. En años siguientes me regalaron más joyas similares, porque era la tendencia entre mi generación y mi grupo social, pero indefectiblemente perdía alguna hasta que el par quedaba cojo. Lentamente y sin mucha consciencia, pasé a usar joyas de plata, pues sentía que así me adornaba sin llamar la atención de los ladrones. Cuando cumplí 15 años mi papá me regaló un anillo de oro bastante discreto, además de un reloj con marco dorado, también sobrio, pero ni esas joyas, ni la pulsera de oro que alguna vez encontrara en la calle mi abuelo paterno, y que heredé tras su muerte, pasaron a hacer parte de mi ajuar consuetudinario. Me refugié una y otra vez en la diosa Luna, en la plata femenina y segura.

Durante años no fui consciente de lo que hacía hasta esa noche en el cuarto de huéspedes. Creo que antes había estado viendo un video que me mostró Beatriz, una amiga, acerca de un curso de abundancia. Supongo que reflexionaba acerca del simbolismo de los billetes colombianos y del modo en que debes entregarlos para desearle abundancia y prosperidad a quien los recibe, esto como parte de un ciclo mayor en el que la energía circula siempre buscando el Bien Universal. No sé cuál fue el disparador, pero sea cual en ese momento fuere tuve la certeza de que mi rechazo hacia las joyas de oro me estaba afectando de un modo negativo.

Abundancia es equilibrio

La plata se relaciona con la Luna, la maternidad, la pasividad, la oscuridad, lo húmedo, etc. y como complemente el oro se asocia con el Sol, la paternidad, lo activo, lo luminoso y lo seco, entre otros aspectos. En ese punto supe, como si la verdad me viniera de afuera, que al evitar usar joyas de oro rechazaba a mi padre que, no casualmente, me regaló unos aretes de ese material y el anillo que me rehusaba a ponerme. Ya había hablado del anillo con un amigo joyero, mayor que yo y también habitante de esta ciudad desde hace décadas. Me había dicho que no debía temer usarlo porque era bastante discreto, sin embargo, como siempre que no quieres o no estás lista para elevar tu consciencia, archivé su opinión en un rincón de mi mente y seguí haciendo lo que se me daba la gana, hasta esa noche.

A la siguiente oportunidad usé los aretes, el anillo y otro anillo más que encontré hace unos meses, bañado en oro, y que se ajustó con perfección a uno de mis dedos. Algo en mí empezó a cambiar, aunque más adecuado sería decir que algo en mí siguió cambiando. El hecho solo de usar joyas de oro me hizo sentir que merezco que me pasen muchas cosas positivas, más de las que me pasan ya y que agradezco a diario. Enfatizó la seguridad en mí misma que existe en mí, me dio autonomía y fortaleza para hablar con los demás y me sirvió para ser más consciente. Entendí que al usar inconscientemente sólo joyas de plata amputo una parte de mí, honro sólo la parte femenina de mi árbol genealógico y me sintonizo con las historias de madres solteras, abandonadas y lastimadas de las que está lleno el mundo. Quiero algo más, otras vivencias, otros sentires y por eso no es funcional para mí pasarme los días despotricando de los hombres y convirtiéndome en una feminista peluda y lesbiana, así sea de modo simbólico. Entiendo que en mí existe el principio femenino y el principio masculino. Decidir usar, con consciencia, las joyas de oro que llegaron a mí a través de mis figuras paternas se transformó en un acto psicomágico constante que me abrió todavía más las puertas de la abundancia. En los días que siguieron vinieron ventas esporádicas de los juguetes oníricos y herbales que hago, encargos de plantas de lavanda francesa y peticiones para hacer lecturas de cartas.

Y cuando ya no esperaba nada más otro hecho divertido ocurrió. Un pago de trabajo que suelo recibir dos meses después de enviar la factura, esta vez llegó en la mitad del tiempo, una sorpresa que me alegró todavía más las Fiestas Saturnales de este año.

La magia de los billetes

En el video que me pasó Beatriz también se sugiere una forma especial en la que deben guardarse los billetes en la billetera, doblados de mayor a menor, el mayor envolviendo a los demás. He de decir que practiqué durante un par de semanas este consejo pero algo no acababa de acomodarse en mí, quizás sea porque tengo una billetera grande y cómoda y ver los billetes arrinconados y doblados me transmitía una sensación de angustia leve. En general soy de guardarlos abiertos, viéndose primero el de menor denominación y ordenados de menor a mayor. Intenté cambiar el orden, de mayor a menor pero de inmediato me embargó una sensación de desamparo. Sentí que tener el billete más grande encima de los demás me quitaba respaldo, como si mi casa perdiera una de sus paredes. Volví a organizarlos del modo en que acostumbro, sin dobleces y con las caras de los personajes históricos mirándome y sentí que la armonía regresaba.

De un tiempo para acá observo los billetes y los doy por el lado que siento más próspero. El asunto se ha convertido en un juego sano, en especial con los billetes nuevos que están entrando en circulación, un juego que me recuerda lo que ya dije en otro artículo, que la plata no es más que un símbolo de algo más grande, de la energía que va y viene y que si deja de llegar es porque a nivel inconsciente se ha creado un bloqueo que impide su entrada. Yo me alegro de haber encontrado y liberado uno de los míos, ahora la tarea sigue, para hacer que la abundancia siga circulando y para buscar los obstáculos que todavía no he reconocido, pero que me impiden llegar a ser el ser pleno que me propongo alcanzar.

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