Esto es un sueño, el piso de arriba también

En esa época, que ya parece tan lejana, en la que era común brincar de un canal a otro para ver que había en televisión, me encontré muchas veces con imágenes que me atraían pero que no me capturaban: un hombre con el pelo rubio platinado recibía un sobre de otro hombre canoso y con bigote. La película ya había empezado, por lo que siempre iba a otro canal para ver algo más.

The thirteenth floor o El piso 13, como la titularon en español, da la idea de una historia de horror, de casas embrujadas o de fantasmas, no de una que se ilustra la existencia de mundos paralelos pero de esto se trata.

En la práctica de los sueños lúcidos se aconseja hacer pruebas de realidad cotidianas y recordar que esto que comúnmente se llama “vida real” no es más que un sueño, más denso y coherente (?) que los que se tienen mientras se duerme, pero sueño al fin. The thirteen floor es una historia de cómo la mente humana puede crear ilusiones complejas, contundentes y que sólo a través del cuestionamiento serio y constante es posible desenmascarar.

Esta película fue estrenada en 1999, el mismo año en que salió la primera parte de The Matrix pero está muy lejos del ya clásico, en cuanto a efectos especiales, sin embargo eso es una ventaja. La historia, que me sorprendió hasta el final y que resuelve bien los planteamientos de la primera mitad, se cuenta suavemente sin la distracción de peleas ni persecuciones espectaculares porque, a mi entender, es algo entre drama y suspenso, lo que le da espacio para plantear cuestiones morales como lo que vivo en la realidad virtual, ¿afecta a mi realidad real?; lo que vivo en sueños ¿sigue su propio curso cuando estoy despierto?; si este mundo es una ilusión y no puedo controlar nada, ¿de qué sirve preocuparme por lo que pasará más adelante? y la popular ¿qué pasa si muero en otra realidad?

No voy a dar respuestas ni a contar detalles de esta película que durante años intenté ver, que luego olvidé y que ahora es una de mis favoritas. Me basta con decir que verla me ayudó a recordar una máxima que se lee en El Kybalión: Todo es mente.

Anuncios