Diario de la abundancia – Doce: Te juro que hay luz

El año pasado, por esta misma época, dicté el curso Vida llena, corazón contento en el que compartí con un par de personas, en modalidad de coaching, lo que había aprendido hasta ese momento en temas de prosperidad, abundancia y creencias limitantes. Esos asuntos, junto al de las finanzas personales, me interesan mucho, por eso vuelvo a ellos cada tanto.

Ahora ese interés me tiene leyendo el libro Pequeño cerdo capitalista de Sofía Macías. Quería hacerlo desde hace tiempo y ahora que la situación económica vuelve a apretar dejé de posponer mi propósito. En lugar de hacer una lectura pasiva estoy haciendo ejercicios en torno a cada uno de los temas que la autora trata en el libro. Sé que estos ejercicios enriquecen a quien los hace y a quien los presencia, por eso me animo a compartir los apuntes que he tomado mientras recorro sus páginas. Le servirán al lector para darse cuenta de que efectivamente no está solo en sus desaciertos.

Errores financieros

El estado de mis finanzas se debe en parte a errores que he cometido. Los que recuerdo sin tener que pensar mucho son:

Prestar plata a pesar de haber dicho que nunca lo haría. Lo hice con algún amigo que pasaba por una situación complicada, ignorando que cuando estás frente a esa situación es mejor dar consejos financieros, por ejemplo recomendando este libro que estoy leyendo, que financiando los errores ajenos. Al final, como dice el dicho, perdí la plata y el amigo.

Gastar más cuando ganaba más. En este momento en el que me pregunto cómo será la vida cuando gane más, porque de corazón espero volver vivir épocas de abundancia, me topé de nuevo con esta realidad que creía nunca iba a afectarme. Quienes me conocen dicen que soy buena administrando plata. Yo, que siempre me autoexijo, tengo dudas hondas y serias al respecto. Quizás quienes me felicitan por mi responsabilidad financiera ignoran que no sé invertir, que ahorro muchísimo menos de lo que me gustaría y que, como tantos, carezco de una educación financiera sólida. Hoy tengo deudas que cada tanto me perturban el sueño, en parte porque caí en la trampa que hipnotiza a tantos. Cuando ganaba menos gastaba menos, pero en cuanto empecé a ganar más gasté más. Hoy que mis ingresos se han visto recortados por eventos macro y micro sufro las consecuencias. Hoy ya pagué mis deudas.

Comprar cosas que no necesitaba. Y bueno, en algo se tenía que ir esa plata ganada de un modo aburrido. Cuando tenía entradas más estables y abultadas gasté en ropa, libros y barajas que no necesitaba. Dejé echar a perder comida por comprar en exceso y me convencí de que comer afuera a diario era muy rentable, sobre todo porque vivo en un país en vías de desarrollo en el que una comida con entrada, plato fuerte y bebida te sale por menos de 3 dólares/euros. Sí, cuando podía pagar ese gasto lo daba por sentado pero ahora que mis entradas económicas retrocedieron veo que aunque me sigue pareciendo barato comer en un restaurante sencillo no puedo pagarlo con la frecuencia que lo hacía antes. Ahora he cambiado lo que era mi variedad cotidiana por platos menos elaborados que puedo preparar en casa y que con amor y cereales me llenan la panza. Ahora veo cómo junta polvo ese inventario todavía nuevo, adquirido cuando ni siquiera pensaba en ahorrar.

Obviar formas de ganar plata extra cuando tenía el tiempo y la financiación para hacerlo. Alguna vez escribí que el trabajo de tus sueños es ese que tú inventas, eso, al menos de momento, sigo creyéndolo. He tenido épocas más y menos aburridas en los trabajos que he hecho. No siento que ninguno haya sido un gozo eterno. En general los empiezo con alegría y motivación para, meses más tarde, comprobar que lo que voy a aprender de ellos es mínimo y que se traducen en una sucesión de días y de tareas que se parecen mucho entre sí. En esas épocas a veces inventé proyectos personales para divertirme y sentir que estaba haciendo algo con valor, no sólo una tarea vacía para recibir plata a cambio. Con ese objetivo escribí un artículo de cómo se hacen los diccionarios de sueños, escribí un libro de numerología y análisis onírico y, cuando el libro se vendió mucho peor de lo que esperaba, diseñé una baraja Lenormand, baraja que, inesperadamente, se ha transformado en fuente ocasional de ingresos. Lo sé, ahora lo sé. Dediqué más tiempo y energía a ver capítulos de Supernatural y de 30 Rock que a inventarme otros proyectos apreciables y productivos. El tiempo libre que me dejaban mis contratos, entonces bien pagados, lo gasté en todo menos en cultivar un pasatiempo valorable o en prepararme para materializar algún plan a mediano plazo.

Rechazar empleos que prometían ser pesados. No seré yo quien escriba una oda a los trabajos esclavizantes pero tampoco voy a negar que el ser hija única y consentida / mimada me preparó bien para desdeñar empleos para los que me creí “demasiado buena”. En más de una ocasión me dijeron “el puesto es suyo” y yo, días después, temiendo las madrugadas, el carácter variable del jefe y los principios de gastritis y de cólon irritable, llamé para decir “muchas gracias por el ofrecimiento pero ya no me interesa”. Falté, con y sin aviso a entrevistas, pasé otras tantas horas viendo capítulos de Grey´s Anatomy y realities en los que remodelaban casas. Viví de pagos esporádicos que hice durar hasta extensiones rayanas en lo imposible. Estas experiencias me han mostrado que sí, que es posible cambiar los hábitos de gasto y que el apego es una trampa. Cuando te acostumbras a creer que sólo hay una forma de hacer las cosas, pierdes. No me arrepiento de haber pasado épocas tranquilas pero sé, como dijo una amiga, que si el último mes estuve trabajando de domingo a domingo es porque en el pasado descansé muchos sábados, muchos jueves, muchos miércoles…

Te juro que hay luz

Hasta aquí todo parece muy oscuro pero como escribí más arriba estoy segura de que hay luz al final de este túnel largo y denso.

Uno de mis objetivos a mediano plazo es tener las piernas de locura que logré recorriendo calles empinadas en Europa, para eso necesito hacer ejercicio, algo que no depende de la plata, al menos no directamente. Durante años fantaseé con la idea de, estando en la ciudad en la que resido, hacer ejercicio a diario durante 7 días seguidos. Parecía fácil, totalmente alcanzable, pero la pereza siempre me ganaba. Cedía al “es domingo, ya hiciste ejercicio toda la semana, hoy puedes descansar”, autocomplacencia que llaman. Una y otra vez rompía esta cadena positiva, a diferencia de esas de las que hablan los cristianos. El septiembre que pasó me obligó a reutilizar la técnica Pomodoro para aumentar mi productividad y darle orden a mi rutina. Sentí que estaba somatizando hábitos mentales viejos y para animarme, para no abandonar, porque simplemente no me puedo dar ese lujo en este momento, volví a hacer ejercicio, yoga, cada mañana antes de empezar a trabajar. Creo que en todo el mes sólo dejé de saludar al sol 3 veces. El hábito se instaló, el egrégoro, la forma de pensamiento positiva se creó. Ahora me reclama alimento para no morir y lo hace a diario y yo se lo agradezco.

Así como creé el egrégoro del ejercicio físico estoy creando el del ahorro. Lo hago con monedas de 1000 y 500 (COP) [US $0.33 y $0.16]. Cada vez que recibo una evito gastarla y la pongo en un frasco. Este acto repetitivo me ha servido para abonar pagos a deudas. Mes a mes veo que al final algo queda en el frasco. Lo sé, no es lo ideal, no es lo que me gustaría pero sé que le estoy dando de comer al egrégoro del ahorro y que en algún momento voy a tener ese famoso colchón financiero suficientemente grueso para cubrir gastos durante 6 meses en caso de un acabose cuando quiera reinventarme.

Además de esto también estoy analizando con lupa otros hábitos y hechos.

Frente a la pregunta ¿de dónde puedo hacer recortes? respondí esto:

Toallas higiénicas desechables. Revisando mis materiales para coser y teniendo en cuenta mis habilidades para esta actividad me convencí de que podía dejar de comprar estos productos.

Bañarme día de por medio. Medida polémica, lo sé, sobre todo en países con ascendencia indígena de la que se heredó la costumbre de asearse a diario pero cuando se ha tenido contacto con otras culturas, que lo hacen así desde hace siglos, un día sí y otro no, deja de parecer algo extremo. Si no sudas como un caballo a diario, ¿qué necesidad tienes de ducharte con tal frecuencia? Además ¿sabías que esto tuvieron que llegar en Ciudad del Cabo, Sudáfrica para evitar que se les acabara el agua?

Suspender la línea telefónica. Paso días enteros con el teléfono desconectado porque soy “alérgica” a los ruidos. Las personas con las que más hablo me llaman al celular, entonces ¿para qué mantengo abierto ese servicio? En febrero de 2018 empecé a pagarles a mis vecinos la tercera parte de lo que pagaba antes para poder usar su señal de wifi. Tres meses antes, es decir en octubre de 2017, corté el contrato que tenía con la compañía de teléfono e internet.

Otra pregunta que me hice fue ¿de dónde puedo sacar ingresos extra? Mis respuestas fueron:

Vender cosas que no uso. Ya estoy haciendo el inventario, escribiendo descripciones de productos y tomando fotos para ofrecerlas. Actualización: En abril de 2018 vendí una de ellas, lo que me sirvió para hacer una inversión en mi negocio personal.

Hacer lecturas de cartas a un precio menor. Ofrezco el servicio presencial y a distancia. Si quieres saber más envía un mensaje a elsuenosignificado@gmail.com

Vender plantas de lavanda (Lavandula dentata) y de menta (Mentha suaveolens) manzana cultivadas por mí. En abril vendí las primeras lavandas francesas que logré reproducir, una de ellas incluso la entregué florecida.

Viajar sin dejar la ciudad

Antes de que empezara septiembre, mes en el que fui contratada para apoyar la atención al público en redes sociales con motivo de una promoción de productos de consumo masivo, sabía que me embarcaba en un viaje nuevo. Uno en el que mi cuerpo permanecería en la misma ciudad pero en el que mi consciencia visitaría planos desconocidos. Así ha sido. Sigue siéndolo. Hay momentos incómodos pero necesarios. Estoy convencida de que para transformarme en la persona que quiero ser este quiebre es necesario.

De momento seguiré leyendo el libro de Macías, haciendo ejercicios y sumergiéndome en otros recursos que me ayudarán a desarrollar las capacidades que anhelo desesperadamente. Cuando haya más noticias que crea sumen valor, las traeré.

Gracias por leer hasta aquí.

 

Anuncios