Diario de la abundancia −14: Dietas mentales

Hace años empecé a hacer dietas de todo tipo pero no para bajar de peso, porque sería un atentado contra mi salud, sino para cambiar mi consciencia. He hecho dietas de internet, de teléfono celular, de televisión… luego constaté que muchos de los hábitos que practiqué con ánimo temporal terminaron instalándose en mis rutinas. A pesar de haber atravesado estas experiencias nunca había imaginado hacer una dieta mental, aunque en realidad ya la estaba haciendo.

Neville Goddard

Supe de este señor en el campo de fanatismo y batalla que suelen ser los comentarios a los videos de Youtube. No sé de dónde me ha venido tanta paciencia pero varias veces me encuentro leyendo lo que dicen los usuarios, bots y no tanto, sobre el contenido. En una de esas exploraciones di con el de un hombre que, sin escribir todo en mayúscula ni criticar a nadie, mencionó a Neville Goddard. Hasta ese momento no tenía idea de quién era pero teniendo en cuenta que el mismo usuario había dejado otra sugerencia en otro video apuntando a la figura de Jacobo Grinberg Zylberbaum, psicofisiólogo mexicano al que admiro y que escribió libros que quiero leer, fui a buscar más de él. Lo que encontré no me decepcionó, al fin y al cabo no esperaba nada de él.

Una mención de que su biografía en Wikipedia fue borrada por falta de referencias externas. Un inglés de los años 70 que no entendía muy bien pero que gracias a una transcripción pude descifrar. Una historia en la que, para quitarse a un pesado de encima, Goddard llega a donde un predicador judío somalí que nada más verlo le dice “Neville, llegas 6 meses tarde”. Estos detalles junto a su énfasis en la imaginación, esa virtud que me fascina desde niña y que por eso está en mi pseudónimo*, me traen a estas líneas.

En el pasado he practicado algunos de los ejercicios propuestos por Goddard en sus charlas. Entre 2012 y 2013 cuando planeaba un viaje que me haría muy feliz, inventé un mantram que resumía lo que quería vivir “playa−patio−mar”. Lo definí así, un poco difícil de pronunciar para que mis miedos no interfirieran con mi deseo. El objetivo era anclarme a la fe que existe en mi corazón. Y resultó. Tuve todo lo que quise en ese momento y también lo que no alcancé a imaginar.

Ahora es aquí

En diciembre pasado elegí dejar de hacer un trabajo que había negociado mal, entendiendo mal como que lo había negociado desde el miedo. Con terror a no encontrar nada más me clavé el puñal yo sola. Cobré una miseria, la tarifa de redacción que tenía en 2010. ¿Me queda alguna duda de que mi sombra puede ser mi fuerza mayor y también mi peor enemigo? Sea como fuere ese mes me deshice de él con tanta gracia como me fue posible. Luego, cuando reflexioné acerca de las razones que me llevaron a ese laberinto descubrí que, en parte, había sido porque había partido de la creencia de que era menos que otra persona que conocí en ese entorno laboral. El hecho de que comparta nombre y apellido con una figura de autoridad en mi vida completó “la maldición”. Inconscientemente subí al personaje a un pedestal y le inventé una mitología. Tan patética fue mi lectura de todo el escenario que, otra vez inconscientemente, adopté una de sus muletillas y la arrastré durante un par de meses. En enero pasado, esa época deliciosa para hacer exámenes de consciencia, entendí dónde y cómo estaba, y me animé a hacer un cambio, sutil pero importante. Sabiendo que la mente es como un niño inquieto a la que debes darle una ocupación en lugar de ponerle un NO enorme encima, identifiqué una de las metas que tenía para el corto plazo y luego inventé una afirmación hecha a mi medida, con mis palabras, para repetirla cada vez que me encontrara recitando la oración al personaje que había divinizado. Repetí la frase mientras lavaba platos, en la ducha y hablando por teléfono (para esto sí alcanza mi capacidad multitarea). No le dije a nadie lo que hacía, tampoco mi meta, simplemente me apegué a mi plan de acción tan rigurosamente como pude y menos de tres meses más tarde, éxito total. Eso que yo entiendo por éxito.

La meta, ahora puedo decirlo, era pagar las deudas que más me preocupaban. No se lo dije a nadie porque nadie, aparte de mí, es yo. Sólo yo sé porqué me preocupaba deber 2X y no 300X. Guardé silencio porque, como me ha costado aprender, a veces tu mejor amiga puede ser tu obstáculo más grande, aun cuando ella esté convencida de que hace todo lo posible para ayudarte. En el fondo tú también sabes qué es lo mejor para ti, lo sé, estoy segura de ello porque tu corazón es tuyo y es allí donde yace la verdad que necesitas, no la que quieres, la verdad que necesitas. Tú sabes qué es lo que te roba tranquilidad, qué es lo que necesitas solucionar primero para que luego todo lo demás caiga en su lugar. Lo sabes tú, no la señora que lee las cartas en el centro ni el cura que da sermones bellísimos los domingos, pero para llegar a esto hace falta hacer algo que también da miedo. Mucho.

Parte de mi éxito, ese que puedo definir en términos temporales porque le puse fecha a la lista de pensamientos nocivos que quería reemplazar con otros productivos, se debe a que me atreví a soltar. A veces las visualizaciones, programas de control mental y ritos mágicos fallan no porque confundas los pasos a seguir sino porque haces afirmaciones del tipo “voy a hacerme ultramillonario ganándome la lotería” y las fuerzas que están ahí para ayudarnos a todos, esas que no juzgan y que siguen nuestras órdenes al pie de la letra, detienen todos los otros ríos de abundancia que fluyen hacia ti porque la única alternativa que te sirve para “salir de pobre” es el premio gordo de la lotería. Esto puede parecer gracioso para alguien que, como yo, no recuerda cuándo fue la última vez que compró un billete para ganarse algo, pero seguro no sonará tan extraño para ese que crea un plan detallado de producción, marketing y ventas para posicionar sus productos / servicios a clientes específicos y luego, a pesar de su esfuerzo, no logra su objetivo. Sí, todo muy mono, todo muy profesional pero como dice el dicho “tú haces planes y Dios se ríe”. No está de más ahorrar para ampliar una fábrica, hacer un curso en el exterior o para celebrar un matrimonio de película, lo que propongo es tener claro el qué y dejar en paz al cómo. ¿Qué tal que mañana se muera un familiar que ni sabías que tenías y sólo tú cumplas con los requisitos para recibir la herencia que dejó?, o ¿qué tal que hace años te hayas equivocado a tu favor en una declaración de impuestos y pasado mañana recibas una llamada para informarte que tienes derecho a una devolución con intereses de lo que pagaste de más? Todo, TODO LO POSITIVO puede pasar pero muchas veces no pasa no porque no me lo merezca ni porque no convenga ni porque no sepa pedir sino porque, cuál esposa controladora, dejo que el capricho de que las cosas se hagan como yo digo y cuando yo digo o mejor no se hagan se transforme en mi prisión. A mí soltar, ceder el control me da terror y esto es precisamente lo que he tenido que hacer para experimentar abundancia.

Aquí entre yo y yo

Le puse el nombre de dietas mentales a este capítulo del diario porque, como bien explica Neville Goddard, el modo en que te hablas a ti mismo, en tu mente, tiene muchísimo que ver con tu realidad. No con la realidad real, esa que quizás nunca lleguemos a conocer en esta vida, sino con la que creas y te rodea. Si todo el día andas diciendo que los comerciantes son unos delincuentes, que cobran todo lo que pueden para ganar más luego no te sorprendas porque todo lo que compras sale defectuoso, tienes problemas enormes para hacer valer las garantías y cuando tú decides montar un negocio todos tus clientes desconfían de ti.

El primer paso que di para modificar los pensamientos que me estaban envenenando fue reconocerlos. Necesité ser honesta conmigo misma y auto-observarme antes de saber cuáles eran las afirmaciones repetitivas que, piedra clave ausente en un arco, impedían que las situaciones que deseaba hace tres meses tocaran mi realidad. Después de poner en palabras claras lo que quería que se materializara en mi entorno, le di al mono de mi mente la tarea de repetir esas frases cada vez que me agarraba pensando las que ya sabía eran nocivas para mí. Este fue, en términos simples, el modo en que apliqué mi dieta mental.

Ahora que ya perdí algunos obstáculos muy pesados estoy trabajando para deshacerme de otros que también me impiden moverme al ritmo que me gustaría y en la dirección que me gustaría. Las otras actividades que estoy practicando para estar más satisfecha conmigo misma, con mi esencia también apuntan al cambio de pensamientos, sentimientos, creencias y, como un todo, al modo en que percibo mi entorno. Y como ese proceso es largo, profundo y complejo, dejo los detalles de lo que llevo para otro artículo.

Para saber cuándo publico entradas acerca de los temas que me interesan y cómo los aplico a la vida diaria puedes suscribirte a mi lista de correo aquí o puedes suscribirte sólo a este blog a través de las casillas disponibles en la barra lateral.

*Explicación de mi pseudónimo.

Adenda:

Las charlas de Neville Goddard que he escuchado son estas:

How to use your imagination http://realneville/txt/How_To_Use_Your_Imagination.html (Con transcripción)

Mental diets

Cómo es morir solo en Nueva York, una historia real de cómo alguien recibe en un momento de necesidad una herencia inesperada

Un fragmento del libro El error de Descartes de Antonio Damasio en el que señala la dificultad de percibir la realidad de un modo puro y ecuánime: “Las imágenes de algo que aún no sucede, y que de hecho puede no ocurrir nunca, no poseen una naturaleza diferente de las imágenes que tenemos de algo que sí ha sucedido. Antes que recuerdo del pasado que fue, son la memoria de un futuro posible.”

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2 comentarios en “Diario de la abundancia −14: Dietas mentales

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